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Derrota de la verdad

Publicado el 05/Julio/2009 | 00:11

Por Jaime Acosta Espinosa


jjacosta@hoy.com.ec

Han pasado 60 años desde que el británico George Orwell publicó una novela, con barniz popular, titulada 1984. Llegó el año 1984, y nada pasó de lo que en ella se profetizaba. Tantas amenazas totalitarias, previstas en dicha ficción, parecieron desvanecidas. Entonces, la obra citada no merecía sino el cubo de la basura. Pero si el autor se equivocó en el año 1984, acertó en el entramado, pues este tiene en buena parte una vibrante actualidad.

Orwell alertaba contra el surgimiento de un Estado absoluto que sería capaz de controlar, a través de un Ministerio de la Verdad, hasta las más nimias ideas y acciones de la gente. Si se mira el fondo de los hechos actuales, todavía surgen ministerios con distintos nombres y en diferentes latitudes, pero con el mismo afán hambriento de meter sus tentáculos en la vida entera de los ciudadanos, hasta en su privacidad más íntima, y prohibir todo cuanto no satisfaga a los gobernantes. Y todo esto cubierto de un manto de dudosas, o más bien forzadas legalidad y legitimidad.

Ningún lector actual podría temer al "Gran Hermano", concebido por Orwell como el símbolo del control omnipresente del Estado, y que fue característico del aparato represivo del nazismo y del estalinismo. Se nos antoja imposible que ese esperpento sibilino o demoníaco vuelva a cobrar realidad. Sin embargo, el susodicho nos alarma nuevamente, pues no parece que pertenece a un pasado bien enterrado, sino que revive ahora e intenta, en ciertos rincones, sacar su cabeza abastecida de una pesada cornamenta.

El profesor Alfredo Cruz, en un artículo publicado hace poco, encuentra un paralelismo inquietante de la novela citada con la época actual. "Puede que las ideologías mesiánicas, la instrumentalización sistemática de los individuos o la política de la sospecha y la delación estén lejos de nosotros y sea difícil su vuelta. Pero la hostilidad a la verdad, el cuestionamiento escéptico de que pueda haberla realmente, y el esfuerzo por ampliar el campo de la manipulación y perfeccionar sus métodos, nos acompañan todos los días".

En la nueva sociedad represiva, la política no tiene lógica. Todo es posible y aceptable, puesto que carece de principios, valores y argumentos racionales. Cuando no se admite un debate serio de ideas y alternativas, la verdad queda derrotada, pues la diferencia entre lo verdadero y lo falso es una cuestión que depende de la posición adoptada por el personaje que gobierna un país, que se dice democrático, solo por su omnímoda voluntad y, seguramente, con la complicidad de algún misterioso "Gran Hermano".

De esta forma, se cumple, al pie de la letra, la novela de Orwell: el totalitarismo aparece cuando el partido tiene siempre el control de la verdad. Los que renuncian a la discusión racional "constituyen la clase de tropa, dócil y disciplinada, que el totalitarismo necesita, pues siempre serán otros, con más poder e influencia que ellos, los que decidan en cada momento qué pasa a ser de izquierdas y qué pasa a ser de derechas: qué etiqueta va adherida a cada idea".

Hora GMT: 05/Julio/2009 - 05:11

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