El presidente de la Asamblea Constituyente, Alberto Acosta, manifestó en Cuenca su personal satisfacción por la aprobación del artículo para la nueva Constitución que reconoce los derechos de la naturaleza. Este artículo fue controversial en Montecristi, lo que demuestra que no es tan inofensivo ni tan arrebatado como se podría creer. Provoca temores, porque de él pueden derivarse decisiones, actuaciones, hasta juicios, pero sobre todo un estado de conciencia hasta ahora único. A la larga, daría paso a indemnizaciones, no solo a personas víctimas de daños a la naturaleza, sino por ellos mismos.
El tema es uno de los que Acosta ha defendido personalmente. En Cuenca mostró con orgullo un artículo escrito por Eduardo Galeano en la publicación uruguaya Brecha, el 18 de abril pasado, titulado La naturaleza no es muda. El escritor elogia que, mientras sucumben los bosques naturales, se derriten los polos, el aire se hace irrespirable y el agua intomable,
por primera en la historia universal, Ecuador abra la posibilidad de reconocer los derechos de la naturaleza.
En este artículo está puesta ya la pauta de cómo se harían respetar los derechos de la naturaleza. Tal como lo hizo Alemania, según lo mencionó el mismo Acosta, hace pocos años, cuando puso al hombre a defender los derechos de los animales, aquí se haría lo mismo. La naturaleza tiene mucho que decir y ya va siendo hora de que nosotros, sus hijos, no sigamos haciéndonos los sordos, escribe Galeano.
Alberto Acosta anunció la institución de un Defensor de la Naturaleza para tal efecto. En un artículo suyo sobre el tema expone en términos jurídicos, para que no queden dudas, sus intenciones de que la Constitución reconozca la titularidad, es decir el derecho sustantivo, de la naturaleza a existir y a que sus ecosistemas no sean agredidos, a tal punto de poner en peligro su existencia y su capacidad de regeneración. Por otro lado, el derecho de reclamar de la naturaleza se podría ejercer individualmente, por parte de una entidad del Estado, pero también de los colectivos e, incluso, de las personas, sin importar si son afectadas o no.
Para Galeano, aquí está la diferencia entre las leyes humanas existentes hasta ahora, incluso las mejores, que tratan a la naturaleza como objeto de propiedad y nunca como sujeto de derecho.
Acosta aspira a que el párrafo aprobado sobre la naturaleza en la nueva Constitución, que deberá ser completado por disposiciones legales adicionales, sea un real aporte al debate mundial sobre mecanismos jurídicos y políticos eficaces para combatir el cambio climático. Considera importante que surja de un país al que se ha señalado como el más megadiverso del mundo.
Con la inclusión en la Constitución de los derechos de la naturaleza, el presidente de la Asamblea ha dado un nuevo paso en su visión de un Ecuador cuyo potencial económico podría estar en la no explotación de los recursos no renovables.
Por algo alude en su artículo directamente al proyecto de mantener en tierra la reserva petrolera del ITT.
Hora GMT: 28/Abril/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Susana Klinkicht
