De las acepciones del adjetivo digno/a que trae el DRAE, me quedo con merecedor de algo y correspondiente, proporcionado al mérito y condición de alguien o algo. Y no es que pretenda alardear de etimóloga sino que en momentos de definiciones constitucionales se hace imprescindible tener claridad en los conceptos, y más, cuando se trata de la vida social, compleja y diversa en sí misma.
En efecto, hablamos de la vida en concreto cuando se trata del transcurso de los seres humanos en sociedad. De allí que el falso debate sobre el aborto particularmente (falso, porque hay más exhibición de amarillismo basado en lo religioso que de intercambio de argumentos lógicos), pone en oposición dos conceptos que, al respecto, se vuelven fundamentales: vida y vida digna.
Cuando se trata de seres humanos, que viven en sociedad e implican poderes, gobiernos, sistemas políticos y económicos, disparidades, inequidades, diferencias, diversidades, religiones, visiones del mundo, no podemos hablar de vida, así, como desnuda de contenidos. Hay que quererla plena, satisfactoria, libre, digna precisamente, porque como humanos y humanas nos lo merecemos. No se trata de pretender dignidad para las ratas y otros vectores de enfermedades, que también tienen vida, sino para los seres humanos que son, además y por principio, seres libres, capaces de tomar decisiones.
Me atrevo a afirmar que es la búsqueda de esos calificativos para la vida humana, convertidos en condiciones vitales, la que ha propiciado acciones políticas, sociales, económicas, para las transformaciones también en lo simbólico.
En el caso de la vida humana, la dignidad no radica únicamente en tener acceso equitativo a alimentación, educación, salud, vivienda, empleo, sino también, y de manera concomitante, libertad de decisión, pensamiento, expresión, opinión, acción, con base en el respeto mutuo.
Para las mujeres, además, la dignidad está asociada con una vida sin violencia y discriminación, con opciones sociales equitativas y en igualdad de condiciones. Lo expresan en la Agenda de las Mujeres, presentada a la Constituyente; también, un grupo de más de 60 asambleístas, hombres y mujeres; e igualmente, la Ruptura de los 25, en un reciente comunicado: La defensa de nuestros derechos no se limita al matrimonio o al aborto. Siempre defendemos la vida. Una vida con dignidad, con libertad
El derecho de cada persona a construir su propio proyecto de vida, de tomar decisiones
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Por medio de sus varios asambleístas se comprometen entonces a defender el carácter laico del Estado y a definirlo en el texto constitucional para evitar cualquier distorsión. Quiero confiar.
Aspiro a una vida digna, que es el carácter de la vida humana. Lo merecemos.
Ciudad Quito





