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Democracia de lo teatral

Publicado el 13/Agosto/2012 | 00:48

Federico María Sanfelíu

sanfe@hoy.com.ec

T uve la suerte de tratar de cerca con el profesor José Luis Aranguren, aquel maestro de la Ética que tan oportunamente opinaba en la España de la transición. Asistir a sus conferencias, dialogar con él, permitían ahondar en los conceptos y sacar consecuencias.

"Entiendo así la democracia, antes que como una forma política concreta, como la tarea –infinita- de democratización de la sociedad, de compromiso con ella, de 'compromiso total', según la expresión de Sartre, de democratización a todos los niveles, el estrictamente político, por supuesto, pero también el económico e industrial, el de la democracia cultural y el de la democratización de la vida y los comportamientos sociales y familiares, etc." Esa línea ética y moral es la que debemos mirar a la hora de saber qué política estamos viviendo de verdad, que no coincide necesariamente con los dictados de una verdad oficial, valorada como "la buena, la correcta".

La democracia es pluralismo, es reconocer modos diversos de pensar y hacer -estamos entre adversarios, no entre enemigos-; suscitar que la ciudadanía opine, aplauda lo correcto y haga oír sus propuestas y modos diferentes de ver. Y que pueda expresarlo libre, públicamente y ser debatido, en igualdad con el poder, sin la venia de "comisarias de papel" para que sean escuchadas. Para eso son los mandantes.

Los políticos demócratas saben que reciben mandatos temporales y desde esa infinita tarea de democratizar, harán que se entiendan los motivos que justifican los porqués de tomar en cuenta o negar las aspiraciones del pueblo.

En nuestro conflictivo país, el problemazo de las firmas avanza con la lógica de normas y castigos, de legalidad atemporal, olvidando lo concreto. En estos momentos conseguir una nueva firma, es casi imposible. Hay pocas personas dispuestas a dar su nombre a cualquier sigla, porque quien no sigue de cerca los avatares de la política, desconoce la salida legal del problema y el mejor modo de no meterse en líos es negarse a firmar.

Esto nos lleva a descubrir un tema casi universal. Estamos en nuestro planeta globalizado, sin "partidos de masas". La militancia a partidos definidos con los que nos identificamos con su programa, consignas y normas disciplinarias, se ha reducido y transformado en partidos de "cuadros dirigentes" que son quienes planean y programan. La adhesión de sus votantes, se consigue de muchos modos. P.e. acudir a los actos masivos convocados y recibir a cambio "comodidades y ventajas".

Lejos de la Democracia, cuya primera tarea señala Aranguren es democratizar todo, hemos caído en la "Democracia de la representación" entendida como democracia de lo escénico y teatral. Un líder, la TV, la propaganda repetida, la tarima, el eslogan, y la fiesta.

 

Autor: Federico María Sanfelíu - Ciudad Quito



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