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Demasiado susto

Publicado el 17/Abril/2009 | 00:10

Por Marena Briones Velasteguí


mbriones@hoy.com.ec

La noticia fue escueta. Me refiero a la que he leído el día en cuya noche estas ideas empezaron a tomar forma escrita. Escueta, pero contundente en su alarmante contenido: el gremio docente ha manifestado su enérgica oposición a la evaluación de sus agremiados que las autoridades educativas han programado para mayo, y hasta ha anunciado que habrá movilizaciones de rechazo. Las pocas y cortas declaraciones que la nota recoge de dirigentes de la Unión Nacional de Educadores advierten que la contra se debe a que la evaluación conlleva la intención de despedir a los maestros que no alcancen el puntaje necesario. Por allí, aparece también una desconcertante aclaración en el sentido de que la oposición no es a la evaluación, sino al "mecanismo" para realizarla.

Con los penosos resultados que han arrojado evaluaciones docentes anteriores, no me sorprende la reacción gremial. Al fin y al cabo, es como saber de antemano que más se lleva las de perder que las de ganar; aunque, en este caso, el asunto no es un asunto cualquiera, sino un asunto en extremo fundamental para el desarrollo del país y para bregar por la consecución del bienestar de sus habitantes. Puedo comprender también que la sola idea de ser evaluados cause perturbación en el ánimo de muchos docentes. Toda evaluación, de la índole que sea, somete a escrutinio nuestras capacidades y, por consiguiente, supone atravesar un trance de temores e inseguridades. Pero, aún sin sorpresa y con comprensión, me es sumamente difícil aceptar que quien cumple la tarea de contribuir a la formación de otras personas, también evaluándolas, se sienta investido de la prerrogativa de no ser él mismo, o ella misma, evaluado.

Cierto es que el meollo de la disposición oficial está en el para qué evaluar; pero, no porque los maestros vayan a ser despedidos (imaginemos tan solo qué sería del Ecuador con un buen porcentaje de sus plazas docentes fiscales vacías); sino porque llevar a cabo una evaluación de esa naturaleza, para no emprender en las acciones que se requieren y para no modificar lo que ya sabemos que es indispensable modificar, solo sería una pérdida de tiempo, de energías y de recursos. Lo que debemos saber sobre lo precaria que es la situación de la educación en el país, ya lo sabemos. Y sabemos muy bien también que las causas de esa precariedad son múltiples y variadas e implican responsabilidades que van mucho más allá del círculo docente. De tal manera que evaluar para saber lo que ya sabemos y, lo que es más grave todavía, para continuar en lo mismo, sería aberrante.

Lo que el gremio docente debería exigir, en lugar de andar buscando cucos donde no los hay, es la definición de un plan nacional que dé a nuestro sistema educativo la completa vuelta que le es clave e impostergable para dotarla de la fuerza, la sostenibilidad y la calidad que los tiempos actuales exigen.

En esa perspectiva de futuro y de desafío es en la que deberían embarcarse los maestros, y, con grandes movilizaciones y toda la bulla que deseen, deberían demandar que, en ella, nos embarquemos todos. Cuando lo hagan, que me cuenten como su aliada.

Hora GMT: 17/Abril/2009 - 05:10

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