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Del rosa al amarillo

Publicado el 04/Julio/2009 | 00:12

Columna del Padre Roberto


Por Roberto Fernández


rofer@hoy.com.ec

No es fácil ganarle el pulso al péndulo de la Historia que suele avanzar hegelianamente gracias a la vieja trayectoria que va de la tesis a la antítesis y de esta a la síntesis que se constituye en una nueva tesis generadora de otra antítesis para desembocar en alguna síntesis más, y así per saecula saeculorum. Si este juego dialéctico tan sugestivo lo aplicamos a los colores, las tesis de la era rosada acabarán siendo sustituídas por su antítesis cromática, es decir, por el amarillo. O sea que, la verde primavera tendrá su ocaso en el otoño marrón, tras una breve síntesis veraniega (al estilo de los últimos veranos quiteños que fueron cortos) y acabaremos en un frío y lluvioso invierno, largo largo y catastrófico, como suele acontecer cuando las corrientes del niño se ensañan con nosotros. Este planteamiento mecanicista de la gran Historia, por sugerente que parezca, se acaba estrellando siempre contra una variable impredecible que es la libertad humana. Sí, aquella misma libertad que proclamaba Espejo en sus pasquines quiteños hace ya más de doscientos años.

Porque, para romper ese destino cruel, Dios dio a los seres humanos corazón, inteligencia y voluntad, y puso la guinda genial con la libertad, que sigue siendo "el don más alto que de los cielos recibieran los hombres". La libertad no puede actuar por sí sola, tiene que estar acompañada de inteligencia y de voluntad, de manera que solamente son éticas aquellas acciones humanas que son libres, y solamente pueden ser libres de verdad aquellos actos humanos que están transidos de inteligencia y de voluntad. Cuando nos saltamos una de las dos, si es la inteligencia, caeremos en el voluntarismo político que confunde el bien con la voluntad ciega del gobernante, y, cuando nos saltamos la voluntad, entonces caemos en la ensoñación estéril del intelectual que vive para pensar, sin pasar nunca a la acción. Por libres, inteligentes y voluntariosos que sean los actos humanos, si no se pone corazón, o sea, capacidad de compasión, entonces tampoco acaba funcionando bien esa ética profana que se trata de establecer desde la ciudadanía democráticamente articulada.

"La pálida muerte toca con el mismo pie los palacios de los ricos y las chozas de los pobres", y si puede acabar con sus vidas, acabará también con sus proyectos. Pero su hora es además incierta y puede sobrevenirnos en cualquier momento, exactamente igual que lo de Jorge Manrique: "¡Ay, Juicio Divinal, cuando más ardía el fuego, echaste agua!". Por eso, nos tenemos que apresurar todos a construir un mundo mejor, no sea que no alcancemos a realizar aquello en lo que nos comprometimos a fondo. Toda vida transcurre naturalmente desde el rosa al amarillo y todos sabemos que son verdad los versos de Wordsworth: "Aunque ya nada pueda devolvernos las horas del esplendor en la hierba, lo cierto es que su belleza perdura en el recuerdo".

Hora GMT: 04/Julio/2009 - 05:12

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