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Dejando huella

Publicado el 27/Junio/2008 | 00:00

El día a día nos absorbe, el estrés ya es parte de nuestro estatus social, estamos siempre ocupados, "a full", como se escucha cada vez más frecuentemente en un mundo que cambia a velocidades nunca antes vividas, en donde el consumismo es nuestro rector, y su entorno publicitario rige el comportamiento (y desmembramiento) de miles de personas y familias.
A este paso tan acelerado en donde parece que la regla general es correr, sin importar la dirección, vale la pena hacer un pausa y preguntarnos, ¿qué verdaderamente estamos dejando a nuestro paso; estamos "dejando huellas"?
Si la muerte se presentará frente a nosotros, hoy mismo, ¿cómo nos recordarían nuestros seres queridos? De seguro muchos no se habrán hecho esta pregunta nunca, ya que consideramos que la vida nos pertenece y que la muerte llegará algún día "muy lejano".
Dicen que en la vida hay que escribir un libro, sembrar un árbol y tener un hijo. ¿Es esto suficiente? Creo que no. La vida fue hecha para cosas mucho más maravillosas. Depende de nuestro estado mental y nuestra capacidad de ejecución el pasar de ser meros espectadores a protagonistas de nuestra sociedad, de nuestro entorno, de nuestra familia, de nuestras vidas.
Existen muchas personas que pasan por el mundo desapercibidas, realizando una rutina diaria que no les permite ver el maravilloso mundo en el que vivimos, buscando no correr riesgos por miedo a fracasar, empeñando sus sueños por un sueldo, endosando sus familias a un pariente o conocido, todo a cambio de algo, casi siempre, material que nos dará la "paz" de vivir "mejor". Que pena recordarles que en el cielo o en el infierno solo entrará su alma, y en la tierra se quedarán los bienes adquiridos y su cuerpo. Lo único que será perpetuo es el ejemplo dado a través de su vida.
Hagamos un análisis de las prioridades de nuestras vidas versus lo que quedará en este mundo el día que lleguemos a faltar. Lo que quede como resultado de esta comparación es lo que realmente es importante, la huella que podemos dejar y que nunca se llegará a borrar: la educación y relación con sus hijos, la fidelidad a su esposa, la mano extendida a un amigo, el cuidado a los padres, el aporte social, la creación de oportunidades de superación personal, el buen nombre y muchos más ejemplos de cosas trascendentes que nunca podrán ser compradas con dinero.
Volvamos nuestros ojos hacia nosotros mismos. Cuestionemos nuestro statu quo. Definamos nuestra visión. Elaboremos un plan de acción. Pero sobre todo, actuemos. Asumamos la responsabilidad que la vida nos dio de dejar una familia, una ciudad, un país, un mundo mejor al que encontramos cuando nacimos. Dejemos de ser espectadores o pasajeros en una vida alquilada, dejemos huellas que difícilmente puedan ser borradas. Gracias, Tío, por la huella que dejó en nosotros.

Hora GMT: 27/Junio/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Fernando Moncayo Castillo

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