Análisis
Por Simón Cueva/ Vicerrector, Universidad de las Américas
De costumbre, los países entran en default cuando tienen problemas financieros serios. Algo parecido a una empresa cuyo negocio no funciona y que enfrenta dificultades mayores, por lo que no puede pagar sus deudas. Entonces, va a conversar con el banquero para buscar la forma de cambiar la deuda por otra con más plazo y menos onerosa. Generalmente, el banco busca algún acuerdo: sabe que, de lo contrario, es posible que no reciba nada, ya que la empresa está en problemas.
Ahora, ¿qué pasaría si el negocio de la empresa funciona bien y sin embargo el gerente va al banco a decir que no quiere pagar, porque piensa que estuvo mal la forma en que el gerente anterior contrajo la deuda? Sí puede pagar, tiene la plata, la deuda es pequeña para el tamaño de la empresa, pero no quiere pagar. El banquero posiblemente reaccione de otra forma: instaurando un juicio para recuperar su plata, ya que sabe que la empresa sí tiene la plata.
Algo parecido es lo que enfrenta el Ecuador internacionalmente, tras la decisión del Gobierno de declarar la moratoria de su deuda externa comercial, basado en su interpretación de que la deuda es ilegal e ilegítima. Es un caso peculiar. Los acreedores externos saben que el país sí tiene plata.
Si aceptan que se cree este precedente, mañana cualquier otro país podría decir que, aunque sí puede pagar, no quiere hacerlo. Por ello, es muy probable que agoten las instancias judiciales y busquen castigar al Ecuador lo más que puedan, para no crear el precedente. En un momento en que, además, la economía ecuatoriana va a enfrentar mayores dificultades por la crisis mundial, la responsabilidad que ha sumido el Gobierno es inmensa.
Hora GMT: 18/Diciembre/2008 - 05:01
