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De Tumbactú a Tumbatú

Publicado el 25/Diciembre/2012 | 00:52

Ileana Almeida*

analisis@hoy.com.ec

Desde 1575, los ancestros de los afroecuatorianos asentados en el valle del Chota llegaron hasta acá, vía Cartagena de Indias, el centro de tráfico esclavista más importante en América del Sur, con destino a las plantaciones de azúcar y algodón. En 1620 los jesuitas adquirieron la propiedad de Chorlaví, luego otras, y siguieron comprando y vendiendo esclavos, según sostiene Gustavo Pérez. El Chota se convirtió en un punto de convergencia de cautivos procedentes de diferentes pueblos y países africanos. En los siglos XIII y XIV se habían conformado en la costa atlántica del África, en particular en la región del golfo de Guinea, varios reinos tribales que traficaban con sus habitantes. Se ha calculado que murieron, antes de embarcarlos hacia América o durante la larga y penosa travesía, una tercera parte de los diez millones de africanos esclavizados.

De aquellos reinos legendarios que se extendían desde el mar hasta los ríos Congo y Níger, sobresalieron el del Congo, del pueblo ba congo, el de Benín, de los yorubas, y el de Malí, de los mandingas. Del Congo llegó hasta el Chota este toponímico que aquí se conserva como apellido,

 así como la marimba, instrumento musical cuya ruta ha sido estudiada por algunos historiadores colombianos. De Benín llegaron los mitos de los yoruba-nagó, máscaras y esculturas en madera talladas por hábiles artistas protegidos por el monarca, que no había acatado las disposiciones del Islam de no reproducir la figura humana. Sin embargo, los más interesantes vestigios culturales conservados en el valle del Chota son los procedentes de Malí.

Las riberas del río de aquel nombre, con sus verdes riberas en medio de una región desértica, debieron recordar a los africanos esclavizados los paisajes del lejano Malí.

Aquí, en el Chota, se asentaron y denominaron a su aldea Tumbatú, aunque Jhon Antón Sanchez la menciona como Tumbactú, el mismo nombre de la antigua capital de Malí, centro religioso y cultural fundado en el siglo XII, afamado por sus mezquitas y palacios de procedencia mandinga y tuareg.

Un proverbio popular rezaba así: "El oro viene del sur, la sal del norte, el dinero del país de los blancos, pero los cuentos maravillosos y la palabra de dios están en Tumbuctú." Hasta ahora, turistas de todo el mundo llegan a Tumbactú a lomo de camello, en caravanas que parten desde Marruecos, o navegando por el río Malí, desde Guinea.

No es aventurado pensar que los descendientes del pueblo mandinga no olvidaron la fabulosa ciudad de la que oyeron hablar. En Ecuador, y en otros lados de América Latina, se conserva un refrán muy atinado para referirse a nuestras raíces: "El que no tienen de inga, tiene de mandinga." De esta manera se reconoce acá el aporte de los negros del Chota a la identidad ecuatoriana tan rica y tan poco valorada.

*Filóloga

Autor: Invitado de HOY - analisis@hoy.com.ec Ciudad Quito

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