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De tal manera

Publicado el 20/Febrero/2009 | 00:09

Por Marena Briones Velasteguí


mbriones@hoy.com.ec

Esta mañana -la mañana en que escribo estas líneas-, durante la entrevista que Diego Oquendo le hacía, entiendo que a propósito de la presentación que iba a tener lugar sobre su reciente libro Ética y comunicación. Apuntes para un cursillo, Manuel Corrales refirió que, al ser humano secular, Kant le propuso la siguiente regla ética: "Compórtate de tal manera que tu comportamiento pueda convertirse en ley universal". Dada la trascendencia del pensamiento kantiano, seguramente a su sugerencia la han seguido sesudas reflexiones provenientes de otros y variados derroteros filosóficos, que sería interesante examinar. A mí, como común oyente y ciudadana, siempre preocupada por los avatares de nuestra condición humana, la sugerida directriz me impactó por la sencillez de su contundencia y por la profunda convicción que ella encierra en el carácter responsable de nuestros actos.

¿Sería otro el mundo si las personas adoptáramos como guía una norma como esa? ¿Sería otro el Ecuador de nuestras vidas, si al menos en cada función o lugar públicos actuáramos con los demás como quisiéramos que los demás actúen con nosotros, y tomáramos decisiones con la misma responsabilidad con la que esperaríamos que las tomen los otros, y procuráramos no engañar a nadie como tampoco nos gustaría que nos engañaran a nosotros? La verdad es que no sé. Si no traiciono las palabras de Corrales, que espero que no, ante una pregunta del entrevistador, Corrales también afirmaba que tenía la impresión de que, en el Ecuador, se nos han enquistado la mentira y la trampa. Puesta esa impresión -que con dolor comparto- a la luz del horizonte kantiano en cuestión -que de ningún modo pretendía caminar por esos nefastos lados-, habría que añadir que la mentira y la trampa se nos han convertido en una especie de ley universal. No me causa ningún placer decirlo. Más bien me desagrada decirlo. Pero, también creo que, en este caso, el silencio acarrea más daño que bien. Sigo pensando que el éxito de todo auténtico propósito de enmienda pasa ineludiblemente por la autoconfesión, que es hacer pasar la conciencia por el tamiz de nuestra propia descarnada desnudez. Si queremos una sociedad con instituciones confiables, entonces habremos de esforzarnos por ser confiables cada uno de nosotros. ¿Cuán confiables somos? Si queremos un país sólidamente democrático, entonces habremos de luchar diariamente por ser cada vez más democráticos cada uno de nosotros. ¿Cuán democráticos somos? Si queremos construir una convivencia equitativa y respetuosa, entonces habremos de ser equitativos y respetuosos cada uno de nosotros. ¿Cuán equitativos y respetuosos somos? Si queremos un país que prospere para todos, entonces habremos de apuntalar esa prosperidad común cada uno de nosotros. ¿Cuánto apuntalamos esa prosperidad cada uno de nosotros?

La educación, ha dicho también Corrales, sigue siendo una cuenta pendiente para nosotros. Una enorme cuenta pendiente, añadiría yo. ¿De qué otro modo, si no, aprendemos a comportarnos en sociedad? ¿Cuánto tiempo más nos tomará asumir el desafío?

Hora GMT: 20/Febrero/2009 - 05:09

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