Por: Jorge Dávila Vázquez
Escritor
Antonio Preciado (Esmeraldas 1941) es uno de los grandes poetas del país y la voz mayor de la lírica afroecuatoriana.
Sus 11 libros han sido, como dice Carlos Eduardo Jaramillo: "río caudaloso, y fresco, selva profunda, conjuros ancestrales… olfato tras el rastro de mujeres hermosas, invocación a reinaugurar los ritos de la primavera…" Palabras que nos descubren la raíz misma de un quehacer literario y humano de hondas repercusiones.
Con todos los que soy (El Ángel Editor, Quito, 2012) es una excepcional antología de sus textos, preparada y prologada por Xavier Oquendo; un libro que no puede faltar en ninguna biblioteca que honre nuestra literatura.
El verso que sirve de título a estas líneas viene de uno de sus textos fundamentales, "Redescubrimiento", en el cual hallamos la mejor confesión de su ser mismo de poeta, y la renovación que significa para el verdadero escritor lo cotidiano, el día a día y sus renacimientos por obra del verbo.
En Preciado ese es un milagro que se da a lo largo de los años, desde sus poemarios tempranos, porque como dice Hugo Francisco Rivelia: "su poesía es la vida misma". Cierto que el tono cambia a lo largo de los años, y el ritmo de romance de los poemas de Más acá de los muertos (1966), atenuado ya hacia 1969, en Tal como somos, se va ensanchando, haciéndose caudaloso y profundo, a medida que el poeta madura en su caminar por las letras.
Una muestra de plenitud es De sol a sol, de 1976, en cuyo poema A dos voces, Preciado afirma que encontró "una voz abandonada", que no era la suya, sino la de otro, de los demás, y con ella puede "ponerse a gritar cualquier cosa en mi ventana,/ a contar las estrellas/ o bien a saludar a los que pasan".
Lo fascinante de esta poesía es el sentido de comunidad, de solidaridad, ese espíritu fraterno que es su característica esencial. Y ese hálito irá extendiéndose en la madurez hacia la naturaleza toda, que acabará por anidar entre sus versos.







