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De maltratos y disculpas

Publicado el 07/Febrero/2010 | 00:12

Por Ernesto Albán Gómez
ealban@hoy.com.ec

Hay varios puntos por examinar en las disculpas ofrecidas por el presidente al ciudadano de Machala, maltratado por policías.

En primer lugar, es cierto que nadie debe injuriar a persona alguna, ocupe o no un cargo público de importancia. Pero esta inobjetable advertencia presidencial se contradice con su inveterada costumbre sabatina de proferir acusaciones y denuestos contra los habituales destinatarios de sus exabruptos. ¿Acaso los calificativos a los que recurre con tanta profusión no constituyen verdaderas injurias? Y si es condenable que injurie un ciudadano de a pie, ¿no es tanto más grave que lo haga un ciudadano que ejerce la más alta función nacional y representa al propio Estado?

En segundo lugar, está su afirmación de que no dispuso la detención del ciudadano que supuestamente lo injurió, aunque hay constancias de que en casos anteriores sí dio ese tipo de órdenes. En todo caso, es fundamental recordar que ninguna autoridad que no sea un juez, ni siquiera el jefe de Estado, puede ordenar la privación de la libertad de una persona. Y un juez solo podrá hacerlo cumpliendo las formalidades legales. Y aun en los casos de delito flagrante, en que no es posible obtener esa orden, se deben respetar las condiciones que establecen la ley y la propia Constitución de Montecristi. Ese es el sistema consagrado por dicha Constitución, las leyes y las normas internacionales, y es obvio que el jefe de un Estado es el primero que está obligado a respetarlas.

En tercer lugar, y ese es el punto fundamental, tenemos la actuación de los policías. ¿Por qué, si el presidente no dio la orden de detención, procedieron a hacerlo? Y hay que tomar en cuenta que lo hicieron con todos los agravantes del caso: persecución al interior de un local comercial privado, uso "progresivo" de la fuerza, hasta colocar al detenido de cara contra el fondo de una camioneta.

Al respecto, caben muchas especulaciones. Los policías pudieron creer que la detención sí se había ordenado, cuando vieron al presidente bajarse apresuradamente del carro y encabezar él mismo la persecución. ¿De qué otra cosa podría tratarse? O procedieron así porque en casos similares, ocurridos en varios lugares del país, se había dado esa orden, y esa había sido la práctica.


Pero, más allá de las especulaciones, queda en claro que estas situaciones, estos hechos que abochornan al presidente se han originado en el propio comportamiento presidencial, caracterizado por una iracundia al parecer incontrolable.

Lamentablemente, sus intervenciones públicas, discursos y actuaciones han ido creando un clima de violencia, verbal y física, que en algún momento se ha vuelto contra él mismo; pero que se contagia a las autoridades inferiores y, en este caso, a los agentes del orden público. Las consecuencias no pueden ser sino la forma injustificada y bochornosa como procedieron en Machala.

Es evidente que no bastan las disculpas. No se trata tan solo de la ofensa a un ciudadano. Están de por medio el respeto en general a los derechos de las personas y el adecuado comportamiento de un gobernante democrático.

Hora GMT: 07/Febrero/2010 - 05:12

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Comentarios

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  1. 1 Fabian desde - Stamford

    RESPETA Y SERAS RESPETADO.
    EL RESPETO DE OTROS SOLAMENTE SE CONSIGUE CUANDO SE RESPETA A LOS DEMAS.

    LOS INSULTADORES COMPULSIVOS O AQUELLOS QUE ESTUVIERON ACOSTUMBRADOS A INSULTAR DEBERIAN PENSAR EN ESTO ANTES DE INSULTAR PRIMERO.

  2. 1 César E. Castillo Delgado desde - El trineo que jala Rodolfo

    Quienes raeccionan de esa manera constantemente, los expertos los llaman BIPOLARES...


    Y en este caso el síndrome del Dr. Merengue está demostrado hasta la saciedad.


    Inclusive su esposa, que es "EXTRANJERA" como él lo dijo, ya lo notó.

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