Por Xavier Neira Menéndez
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EL fútbol es la pasión de masas que cambia los estados de ánimo meteóricamente. Es una especie de terapia social. Y esa sensación la hemos vivido los ecuatorianos la última semana. El optimismo y hasta la euforia de que le ganaríamos a Colombia fue derrotada pues jugamos mal y hasta con una falta de pundonor que se evidenció en ciertos pasajes del encuentro jugado en Medellín. Hoy estamos nuevamente eufóricos pues, sin restarle méritos al último partido de nuestra selección y su triunfo sin atenuantes, creo que el pasado miércoles todos los resultados jugaron -como un combo- a favor de Ecuador, renaciendo las esperanzas del país por un cupo directo al mundial de futbol. Del fracaso en Medellín pasamos al nítido triunfo en La Paz. Ciertamente estábamos abatidos los ecuatorianos cuando se inició el cotejo ante Bolivia. En pocos minutos ya percibimos a los aguerridos deportistas que nos han deparado tantas satisfacciones en los últimos años, jugarse el todo por el todo. Fue hermoso observar en la cancha el desempeño de los jugadores y el sentido de equipo que se palpó en sus acciones. Orden, cautela, disciplina, solidez, gran efectividad y, sobre todo, la garra que estuvo incomprensiblemente ausente en el partido ante Colombia. Que había muchas razones para estar desmotivados, no cabe duda. Pero el inolvidable partido ante Bolivia sepultó ese mal recuerdo. Las coincidencias en los resultados son esperanzadoras para Ecuador. Por ejemplo, gracias a la desastrosa campaña de Argentina y su última derrota ante Paraguay en Asunción, nos ubicamos en el cuarto puesto en la tabla de posiciones con gran chance de clasificarnos por tercera ocasión consecutiva a un campeonato del mundo. Pero volvamos a la euforia colectiva que ahora nos invade y sobre la que es oportuno reflexionar. Lejos de mesianismos, el futbol es un fenómeno sociológico que electriza. Del sábado negro ante Colombia pasamos a casi venerar a los ganadores en La Paz. El triunfo ante los bolivianos renovó las ilusiones y archivó las tristezas. De pronto, el equipo se reencontró consigo mismo, "a pesar de algunos incrédulos" como lo dijo el entrenador Vizuete al retornar de La Paz. Es la prueba irrefutable de que el equipo cuando quiere, puede. Que hay que mantener en alto la moral y que hay que acabar con ese complejo de frustración que caracteriza el comportamiento de muchos ecuatorianos. Es que tenemos que vencer esa suerte de complejo colectivo que nos impide liberarnos de los miedos y enfrentar con éxito los desafíos que nos impone la vida.
Hoy que se exacerban desde el poder político los resentimientos sociales, donde se actúa con desprecio sin escuchar al otro, y se estimula la lucha de clases, es hermoso ver como el futbol nos hermana, como crece ese sentimiento de optimismo que nos abraza, nos eleva la autoestima y nos permite con esperanza soñar en un mañana mejor, sin sobredimensionar las posibilidades reales que tenemos de jugar -una vez más- en la liga mayor del fútbol mundial. Para eso, tenemos que perseverar en el nuevo desafío contra Uruguay, sin nervios ni temores. "Será un partido de vida o muerte", vaticinó el Chucho Benítez al retornar a Inglaterra.
Concluyo con un pensamiento que constituye lección de vida: "juzga tu éxito por aquello a lo que debes renunciar para poder lograrlo".
Hora GMT: 14/Septiembre/2009 - 05:06

14/Septiembre/2009 a las 12:42
Que mensaje tan conmovedor y tan tierno, se me llenan los ojos de lagrimas, sobre todo porque el mensaje viene de alguien que nos ha dado como ejemplo el civismo y la cordura, alguien que siempre esta dispuesto ha escuchar al otro, tanto asi que el columnista ira el 10 de Octubre a general para disfrutar con el pueblo el partido frente a Uruguay, y demostrar al resto, que no es necesario ninguna lucha de clases, que todos debemos seguir unidos como hasta antes de que llegue el tirano Correa a querer cambiar las cosas, cuando entendera este sr Correa que todo estaba bien antes de que el llegue, hasta clasificamos a dos mundiales sin el en Carondelet.
14/Septiembre/2009 a las 18:18
"Juzga tu éxito por aquello a lo que debes renunciar para poder lograrlo"
Parece increible escucharlo en labios del economista Neira.
Tuviéramos mucho éxito los ecuatorianos si se renunciara un 50% de egoísmos, maledicencias y odiocidades. Casi nada. Clasificaríamos y hasta seríamos campeones.