Por Felipe Burbano de Lara
Al presidente Rafael Correa y a sus opositores les hace falta una buena dosis de ecuanimidad. Han caído en el juego de ridiculizar el argumento del otro para defender su propia posición. El resultado es un cruce permanente de fuegos, un debate entre verdades a medias, que solo genera equívocos y mayores incertidumbres frente a la crisis económica que se avecina.
Correa ha rechazado sistemáticamente los llamados de sus críticos a tener una política de gasto público austera y prudente. En una de sus habituales ruedas de prensa de los sábados, el presidente dijo que los llamados al ahorro en un país con tantas necesidades insatisfechas eran una idiotez. No hay que ahorrar sino invertir, fue su respuesta. El presidente sostuvo que su visión de la economía partía de las necesidades de los sectores con menores ingresos y no de presupuestos abstractos como podría ser el prurito del ahorro. Dígale a una familia pobre, con necesidades en educación, salud, vivienda, alimentación, que no invierta sus recursos sino que los ahorre para utilizarlos cuando tenga problemas. Pues eso es una estupidez, dijo el presidente, porque son familias que viven en permanente situación de crisis.
Frente a la tesis de la austeridad y el ahorro él ha defendido la de la inversión, pero lo ha hecho como si fueran excluyentes, como si una política de austeridad implicara inevitablemente dejar de invertir. Al volver excluyentes visiones que se tienen que complementar, ridiculiza el argumento de los opositores para mantener el gasto público alto. Correa no hace ninguna consideración seria a la pregunta de fondo: si es o no sustentable para un país como el Ecuador una política fiscal expansiva, o si esa política que acabó con todos los fondos de ahorro nos llevará, como todo parece indicar, a serios problemas macroeconómicos. En lugar de tomar en serio las advertencias, reacciona ante ellas como si se tratara de argumentos propios de quienes pretenden volver a la larga noche neoliberal (obsesión que merodea como un fantasma la mente presidencial).
La respuesta a la arrogancia de Correa viene de quienes aparecen como agoreros del desastre. Los críticos solo ven en el presidente un irresponsable peligroso, populista, mediocre economista, que conduce al país hacia un fin secreto: la desdolarización. Todas las decisiones, desde el no pago de la deuda hasta la ley de regulación financiera, esconderían esa intención oscura. Y como para que no haya dudas, en un comunicado irresponsable, los bancos poco menos que invitan a sus clientes a sacar el dinero de sus cuentas porque no garantizan nada hacia el futuro. Todas las fuerzas parecen converger en la misma dirección: generar mayor incertidumbre mediante este diálogo de sordos y verdades a medias. Los ortodoxos detestan a Correa porque los ha maltratado y despreciado como economistas serios. Quisieran ver una economía destrozada como prueba irrefutable de todas sus advertencias. El presidente hace todo lo contrario a lo prudente para no dar su brazo a torcer frente a los enemigos. Nos movemos como idiotas e irresponsables al filo de una crisis que amenaza con arrasarnos a todos, si no aparece en el horizonte alguna dosis de ecuanimidad, hacia el despeñadero.
fburbano@hoy.com.ec
Hora GMT: 30/Diciembre/2008 - 05:09













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30/Diciembre/2008 a las 11:45
Convengamos en que hay arrogancia en los dos lados; sin embargo, hay una importante diferencia: es Correa quien maneja el Poder, por lo que son su necedad y arrogancia las que pueden arruinar al Ecuador.
Este gobierno solo dialoga consigo mismo, y no sabemos bien sus intenciones finales. Al gobierno le apesta lo que suena a privado. Ha creado un gigantesco aparato estatal, y parece dispuesto a echar mano a los dineros privados para mantenerlo.
La intransigencia de los opositores molesta a Correa, la suya hace pedazos al Ecuador.
30/Diciembre/2008 a las 11:52
Presidente es un cargo administrativo, sin connotaciones de nobleza. No se entiende por que el presidente de la república se siente con la autoridad suficiente para criticar en esos términos la opinión contraria a la suya. Debiera hacer un esfuerzo para pensar correctamente. Si se le recomienda ser austero, la recomendación es para reducir el gasto, no la inversión. Por ejemplo, para que se llevó 95 personas a Irán? Por que se viaja con tanta frecuencia? Para que son tantos ministerios? Claro que hay que invertir porque la economía nacional se fundamenta primariamente en el Estado. Si los municipios no reciben recursos muera la obra pública. Pero para darles los fondos no hace falta un acto proselitista pagando desde las barras hasta la comida. Será que entiende señor presidente?
30/Diciembre/2008 a las 13:04
LA INTRANSIGENCIA DEL GOBIERNO, EN CIERTAS TEMAS, Y DE LA OPOSICIÓN Y ALGUNOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN YA NOS TIENE HARTOS. DIALOGUEN COMO SERES RACIONALES Y DEPONGAN LOS INTERES PERSONALES Y DE GRUPOS, EN BENEFICIO DE LAS MAYORIAS ECUATORIANAS.
30/Diciembre/2008 a las 13:33
IESS el termometro de la ineficacia
El IESS ha sido como el termometro para medir la eficasidad hasta aquí nula de las diferentes administraciones políticas que han pasado por el gobierno. Resultado: incompetencia, mediocridad ,botín politico, afiliados sumidos a la humillación, etc, etc... La lista de males es larga....sin que ningún gobierno hasta ahora demuestre la compentcia y voluntad necesaria para trabajar por una institucion que tiene los suficientes recursos para ser un modelo intitucional social.Desgraciadamente su maldición es de estar manejada siempre por incompetentes.
30/Diciembre/2008 a las 22:52
Soy uno de los que piensa que Correa es un economista mediocre. Todos los economistas "serios" tienen las mismas preocupaciones que Correa: tratar que la economía funcione bien y que la torta se reparta entre todos. La mediocridad de Correa es certeramente descifrada por el editorialista, radica en su incapacidad de asociar dos conceptos complementarios y verlos como antagonistas. Se ahorra o se crean reservas justamente para evitar volver el gasto social siguiendo el ciclo de la economía, sino darle un caracter de esfuerzo permanente y contínuo, inclusive poder aumentarlo en los tiempos de vacas flacas, en lugar de tener que contraerlo como ahora el irresponsable del boca floja e inepto del Presidente va a tener que hacer. No es un economista mediocre, es un hombre frustrado que se cree infalible y es capaz de crear su propia religión donde él funge de ungido y sacerdote.