El Banco Central Europeo, basado en Frankfurt, recién cumplió 10 años de vida. Es un buen ejemplo de una institución cuya autonomía fue cuestionada inicialmente y que ha sufrido críticas de políticos, pero que con el tiempo ha mostrado el interés de tener una institución independiente, tanto de los gobiernos como de los bancos.
Diseñado bajo el modelo del Bundesbank, el muy respetado banco central alemán, el Banco Central Europeo tiene como misión prioritaria mantener la inflación baja. La decisión de que ese sea su objetivo principal -y no un objetivo más amplio como el crecimiento económico- fue tomada basándose en la experiencia de las últimas décadas en el mundo.
La inflación es un impuesto muy regresivo; golpea sobre todo a los pobres. Los ricos -con cuentas en el exterior, acciones de empresas o inversiones- pueden protegerse más fácilmente de un incremento de precios. Para reducir la inflación es necesario generalmente frenar la economía, subiendo las tasas de interés, algo que no es del agrado de los gobiernos, que tienen un ojo puesto en las encuestas y las cifras del desempleo. Cuando los bancos centrales no son autónomos, muchas veces ceden a la presión gubernamental y permiten que la inflación vaya creciendo. Varios estudios internacionales muestran que los países con bancos centrales autónomos tienen generalmente inflación más baja. Junto a la necesidad de disponer de instituciones técnicas, que no dependan de los vaivenes políticos ni manipulen las estadísticas, esa es la principal razón para que un número cada vez más numeroso de países haya decidido tener bancos central autónomos.
Hora GMT: 17/Junio/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Simón Cueva. Vicerrector Académico, UDLA
