Por Fernando Moncayo Castillo
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E sta semana, se celebraron los 200 años del nacimiento de uno de los científicos de mayor renombre en la historia de la humanidad: Charles Darwin. Su teoría de la evolución de las especies ha tenido efectos en casi todas las áreas de la investigación. La medicina, la biología, la genética y la botánica, entre muchas otras ciencias, han tomado como base de varios de sus postulados y los resultados de las vivencias que este científico inglés tuvo durante su estadía en las islas Galápagos, orgullosamente ecuatorianas.
Al leer sobre este aniversario y analizar los motivos de las celebraciones, vino a mí una pregunta con respecto a la actitud de los ecuatorianos y la teoría de Darwin.
Según el científico, los animales tienen la capacidad de modificarse en la medida en que los cambios del entorno lo exigen. En esta carrera de adaptación y supervivencia, que llega a generar metamorfosis, solo los más fuertes sobreviven, generando así un ser más fuerte, con características diferentes. ¿Aplica la teoría de Darwin a la actitud de los ecuatorianos?
Han sido décadas de crisis, de inestabilidad, de incertidumbre. Si la teoría de Darwin aplicara al comportamiento, seríamos los mejores empleados y empresarios de toda América Latina, por lo menos. Lastimosamente, nuestra actitud sigue siendo la misma, nuestro comportamiento idéntico y ni se hable de nuestro estado de ánimo. Definitivamente, Darwin no aplica en nuestro caso. ¿Será que es un tema de tiempo? ¿Necesitaremos 10 presidentes más (o uno solo por el período de 10) para comenzar a cambiar?
Deberíamos aplicar la teoría de la evolución en nuestras mentes, sabiendo que si para una transformación física fueron necesarios millones de años, para cambiar nuestra actitud y postura frente a la vida solo se requiere de la voluntad.
En un entorno de cambio tan evidente, nada sacamos tratando de negarlo. Para esta etapa del anuncio mundial de recesión, por lo menos deberíamos haber explorado el impacto, positivo o negativo, que este escenario causará en nuestra vidas profesionales y personales y, por su puesto, en lo más importante, la familia.
Ya es hora de que aceptemos las nuevas reglas de juego, de que elaboremos un plan de acción y de que comencemos a proyectarnos hacia el futuro con creatividad, flexibilidad y optimismo, sabiendo que este cambio no será a corto plazo, sino a largo, por lo que la perseverancia y la constancia serán agua para nuestros músculos. Se nos viene la carrera de resistencia más dura que hayamos tenido que vivir.
Si la teoría de Darwin fuera aplicada por la gran mayoría de los ecuatorianos, contaríamos con mentes lúcidas, amantes de la diversidad, con enorme capacidad de diálogo, proactivas, emprendedoras, positivas; mentes superiores capaces de sobrevivir y de, nuevamente, adaptarse, si es necesario, a sea cual fuere el entorno en el que el Ecuador se vea involucrado en el futuro.
Tratemos de darle un homenaje póstumo a Darwin: evolucionemos como seres humanos, pero no en lo físico, si en nuestro comportamiento.
Hora GMT: 15/Febrero/2009 - 05:09
