Rafael Oyarte
royarte@hoy.com.ec
Dachau es un pueblo cercano a Munich, y su nombre identifica a uno de los crueles centros de exterminio que existieron en la Alemania nazi. Fue el primer campo de concentraci贸n, cuya finalidad primigenia era ubicar a un n煤mero cada vez mayor de personas a las que se colocaba en "custodia preventiva", eufemismo que se utilizaba para describir a quienes, por diversas razones, resultaban peligrosos para el r茅gimen nacionalsocialista y que, al no haber cometido ning煤n delito, no se les pod铆a procesar ni los jueces ordenar su prisi贸n preventiva.
En el primero de los c茅lebres juicios de N煤remberg, uno de los creadores de los campos de concentraci贸n, el Reichsmarschall Hermann G枚ring, describi贸 la "custodia preventiva". Quienes hab铆an cometido un acto de "traici贸n contra el nuevo Estado" eran entregados a los tribunales. Claro que eso no era gran cosa, porque estos se integraron por nuevos jueces, sumisos al poder y tan siniestros como el tristemente recordado presidente del Tribunal Popular, Roland Freisler; pero eso es otro tema.
En cambio, quienes "a煤n" no hab铆an cometido esos actos de traici贸n, pero que "se esperaba que lo hicieran", fueron colocados en custodia preventiva. En un inicio fueron los miembros del partido comunista, luego los socialdem贸cratas, para, posteriormente, caer en el mayor de los relativismos: los cat贸licos a quienes se tildaba de reaccionarios y finalmente a cualquiera que demuestre disidencia. Los jud铆os eran tema aparte: por el hecho de serlo ya eran un peligro para el nuevo Estado. Los campos de concentraci贸n culminaron siendo centros de exterminio masivo.
Dachau fue el primero y el modelo de los cientos campos de concentraci贸n en el III Reich. Cuando se lo conoce, pues se encuentra abierto al p煤blico sin costo precisamente para que no se olvide lo ocurrido, desde la entrada se puede advertir la arbitrariedad a la que se somet铆a a quienes ten铆an la desgracia de entrar en 茅l. "Arbeit macht Frei" (el trabajo hace libres) se se帽ala en la puerta de ingreso a un campo en que se mataba a la gente, de inicio si no pod铆a trabajar o por las inenarrables condiciones que hac铆an de la supervivencia un imposible. Que la gente era despojada de todo, incluso de su calidad de persona y de cualquier clase de privacidad, es algo que se siente desde el primer edificio donde se "trataba" a los nuevos incorporados, pasando por los barracones en los que se los hacinaba, para concluir en la parte posterior donde, haci茅ndoles creer que era una ducha, se los gaseaba para, finalmente, deshacerse de los cuerpos en los crematorios.
Todo eso engendra el odio. Ese odio que deriva de los miedos y resentimientos de los pueblos a quienes, malos dirigentes, no les cuesta mucho convencer que los males del pa铆s son culpa de algunos a quienes, finalmente, se los tiene por "enemigos del Estado", sea cual sea la denominaci贸n que convenga darles. Ese odio produce persecuci贸n y ha llegado hasta al genocidio. Historia repetida que, ojal谩, nunca se d茅 en nuestro suelo y en el mundo.
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Autor: Rafael Oyarte - royarte@hoy.com.ec Ciudad Quito







