Opinión de HOY
Postergar el inicio de operaciones del nuevo aeropuerto de Quito se imponía, por la falta de las dos vías habilitadas de acceso que el alcalde Barrera había ofrecido tener listas para octubre, cuando se anunció que comenzaría el 12 de ese mes a operar Tababela. Sin mejoramiento de la Interocéanica, por la ampliación de tramos y la construcción de intercambiadores, y sin la entrega de la E-35, se habría producido un colapso en la movilidad de la ya congestiona vía Quito-Cumbayá-Tumbaco-Puembo- Tababela. La segunda vía, con 52,3 km entre el sector del Colibrí y Santa Rosa de Cusumbamba, servirá sobre todo para el transporte de carga, 20% de los 6 000 vehículos que se desplazarán entre Quito y el nuevo aeropuerto. El pedido de empresarios y de representantes de aerolíneas para la postergación tenía que ser atendido: no quedaba otra opción.
El alcalde anunció también que la llamada ruta Viva se entregará, en su primera fase, en septiembre de 2013 y que la segunda fase se halla en proceso de licitación. En esta se construirá el puente sobre el río Chiche, obra que ha esperado décadas y que se inauguraría en 2014, junto con la vía Collas, el ingreso por el norte hacia el nuevo aeropuerto. En consecuencia, Quito soportará todavía una larga espera para superar el inexcusable y costoso desfase entre la dilatada finalización del aeropuerto de Tababela y la falta las vías para conectarlo con la ciudad.
Los cuatro meses de postergación deberán servir para una transición más ordenada. Ya para el 20 de febrero ha pasado el período de más intensa actividad área, por diciembre con los ecuatorianos que regresan desde el exterior para pasar Navidades con sus familiares y fin del año, y la primera quincena de febrero para el transporte de flores, por San Valentín.
El Concejo refrendó la postergación anunciada por el alcalde. Ahora es necesario que el cronograma anunciado no sufra más retrasos.






