Por Cecilia Velasco
A propósito del reciente fallecimiento del poeta quiteño Francisco Granizo, la CCE aclara, en un texto con considerandos y acuerdos, que la institución "cumplió, en vida, con su deber de tributarle el mejor homenaje, publicando su obra completa y distribuyéndola en colegios y universidades de la patria". Proclama al poeta "parte de la buena historia de nuestro pueblo" y, menos mal, expresa profunda solidaridad y sentida condolencia a familiares y amigos. El Dr. Marco Antonio Rodríguez, presidente de la CCE, autor de este obituario, seguramente cree que son los deudos del poeta quienes le deben gratitud a la institución por la publicación y difusión de la obra. Rodríguez tal vez piense que los autores deben sentirse homenajeados si es que la CCE pone en circulación la obra de aquellos antes de que mueran. Pero lo único que cabe cuando un escritor de trayectoria nos deja es que la CCE publique una solemne condolencia que exprese el luto y la gratitud de la comunidad de lectores. Todo lo demás ofende, pues pone en evidencia la ausencia de generosidad y nobleza.
Una larga entrevista concedida por Ramiro Noriega, ahora ministro de Cultura, a Rafael Barriga, editor del periódico Ocho y Medio, nos permite descubrir a otro personaje del mundo cultural. Frente a la pregunta de si existe una "política cultural definitiva", Noriega responde: "Este es un camino que tiene una complejidad muy particular: se trata de una complejidad que tiene que ver con lo que podríamos llamar "la cultura de la cultura". Y continúa: "En primer término, es básico saber qué es lo que entendemos por cultura y lo que queremos entender por cultura". Noriega explica: "Queda claro que la vieja institucionalidad es efectivamente vieja, y que esa institucionalidad ha sido rebasada por la decisión de la ciudadanía". El Sistema Nacional de Cultura, según nos lo explica, al ser "un hecho orgánico", "no puede ser interpretado por fuera de la interpretación social" y "ha de ser fortalecido en cuanto la sociedad haga uso de él, en los términos de la definición de lo que para la sociedad ecuatoriana es la cultura". En formulaciones de esta índole, lo filosófico puro y lo cantinflesco casi se confunden ¿Qué quiere decirnos el ministro Noriega? ¿Que entiende "lo contemporáneo como una suma de temporalidades, no como una resta", y que asume "la cultura como espacio de soberanías simbólicas"? ¿Y qué con ello? Me ha quedado en claro, tras la entrevista, la deuda que tienen las instancias de la CCE con "la Nación", la dispersión existente y algo que ya se sabe: el Estado no debe coartar la libertad de creación. Obvio.
Tendríamos que estar más atentos con lo que pasa y lo que dice la CCE, que debe rendir cuentas. En cuanto al Ministerio, si hemos de evaluarlo por las declaraciones de su ministro, tendríamos que sacarnos el sombrero frente a su capacidad de decir muy poco con muchas y muy elevadas palabras.
cevelasco@hoy.com.ec
Hora GMT: 27/Enero/2009 - 05:08

27/Enero/2009 a las 15:28
“Cultura de la Cultura”.
Con respecto a la opinión de Cecilia Velasco, este 27 de enero en el Diario el Hoy al referirse a Ramiro Noriega, Ministro de Cultura desde el aspecto lógico está muy clara la entrevista concedida a Rafael Barriga. Al referirse a la cultura de la cultura es una doble afirmación que sigue siendo una afirmación, que en términos de Marcuse la Cultura Afirmativa es: “la que perteneció a la época burguesa y que a lo largo de su propio desarrollo ha conducido a la separación del mundo anímico-espiritual, en tanto al reino independiente de los valores de la civilización, colocando a él por encima de otras”.
Y continúa: “Nacerá el brillo de otra cultura cuando se liberen los sentimientos de su atadura en el alma por lo que mientras haya un reino de la necesidad habrá suficiente penuria. También una cultura no afirmativa tendrá el lastre de la transitoriedad y de la necesidad”: será un baile sobre un volcán, una risa en la tristeza, la reproducción de la vida será una reproducción de la cultura: organización de anhelos no realizados, purificación de instintos no satisfechos.”.
Entonces el Sistema Nacional de Cultura es precisamente la destrucción de esa cultura afirmativa que no elimina las individualidades sino que la realizará y ese tiempo ha llegado a nuestro país no para imponer políticas culturales sino para realizar sueños y proyectos de los mismos ecuatorianos que vivimos en una comunidad imaginaria con una soberanía imaginaria, que sin conocernos todos estamos en el proceso de construir una verdadera ecuatorianidad.