Por: Bernardo Tobar Carrión
Carlos Alberto Montaner se preguntaba en reciente artículo por qué los Bill Gates o los Steve Jobs no nacen en Honduras, y por qué no hay más gente emprendedora en el Tercer Mundo. Nos daba también su respuesta: "
El Estado está organizado para obstaculizar a las personas provistas de este fuego creativo."
Es cierto que hay países que son tierra fructífera para que la libertad individual y la semilla creativa se expresen en el mayor potencial posible, generalmente los de cultura anglosajona; y hay otros donde parece operar el fenómeno inverso, donde una suerte de rasante colectiva dificulta el camino de quienes desafían la comodidad de la medianía, fenómeno que la picaresca popular ha comparado con el "palo encebado".
Ya simple coincidencia o compleja relación causal, el hecho estadístico es que estos últimos países, en su mayoría, son herederos de la cultura latina. Distorsiones religiosas alimentaron también esta cultura. ¡Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de los Cielos! Que en su lectura materialista, siendo más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre al Cielo, hizo del progreso material una posibilidad de condenación. Así surgieron algunas doctrinas, como la teología de la liberación. Al otro extremo, los protestantes tomaron en cambio la parábola de los talentos, donde el que multiplica es premiado y el que se limita a guardar el único talento que recibe es privado de este y arrojado a las tinieblas. La prosperidad económica es mirada como una bendición. Sin pretender endosar relación causal directa entre estos temas religiosos y una cultura adversa al éxito, no deja de ser tema de mayor reflexión. Cierta forma de Estado, el "ogro filantrópico" como lo llamó Octavio Paz, puede ser un obstáculo para el emprendimiento y el ejercicio pleno de las libertades creativas, como en Venezuela, e incluso llegar a suprimirlos, como en Cuba, pero este tipo de Estados no surgen por generación espontánea, sino que resultan de una causa más profunda, de una cultura colectiva inconsciente del potencial individual, recelosa y desconfiada del riesgo creativo y de los individuos que lo encarnan, mal programada individual y colectivamente para el desafío de la superación, al menos de la superación material, en suma una cultura donde los obstáculos abundan en la mente y el corazón.
Naturalmente es más cómodo mantener el statu quo interior, y menos doloroso responsabilizar al azar o cargar sobre los demás -el Estado, la infancia, la partidocracia, los ricos, los yankis, la colonización, el TLC, el jefe- las culpas de los propios infortunios. Por la misma razón es una tendencia explicable en las masas creer que reduciendo sus propias libertades en beneficio de Estados más interventores, más paternalistas, obtendrán la solución a sus problemas.
Esta tendencia de las masas me recuerda las palabras de Facundo Cabral, citando el temor a los "pendejos" que tenía su abuelo, porque "al ser mayoría eligen hasta presidente". La buena noticia es que la psicología nos enseña que esta condición mental se cura con una decisión: ser hombre masa o ser hombre libre.
btobar@hoy.com.ec
Hora GMT: 09/Septiembre/2008 - 05:17

09/Septiembre/2008 a las 10:56
Mayor heredero de la cultura latina que Italia no puede existir, sin embargo han dado muestra de pujanza y progreso, a pesar de la constante tendencia socialista de buena parte de su sociedad. Grupos económicos poderosisimos han nacido en Italia, gracias a su cultura. Por lo tanto, es inexacto el comentario del doctor Tobar al inculpar a la cultura latina por la falta de iniciativas individuales. La influencia es de la otra cultura que aun nos domina: la de la tribu, la del cacique, la del prioste, esa que nos hace creer que el Estado es el padre y nosotros los hijos. Por eso no dejaremos de ser muertos de hambre, porque el Estado es un pésimo padre.