La crónica
Por: Roberto Aguilar
Editor de Contenidos
La ley que dispone utilizar parte de las utilidades de los bancos para aumentar el bono de la pobreza fue aprobada por la Asamblea. En tiempos de campaña electoral, a nadie se le ocurre votar en contra.
‘Este muchacho Viteri que está ahà hablando era abogado bancario’. El asambleÃsta Luis Almeida, otrora inventor del voto masónico, suelta el comentario con evidente sorna mientras camina rumbo al baño. A su lado, Gilmar Gutiérrez rÃe sin sorpresa, con la actitud de quien lo ha visto todo. Hasta donde se encuentran llega, confusamente amplificada por el potente sistema de sonido del salón del Pleno, la sibilante voz del oficialista Christian Viteri, fundador del estudio de abogados Viteri y Asociados, una firma que enseña, entre otras cosas, cómo tratar con la Superintendencia de Bancos y el SRI. ¡Si lo oyeran ahora sus clientes! ¡Los pone verdes! ¡Como si entre su escaño y su bufete mediara un hemisferio!
Viteri no es el único que ha puesto en suspenso su currÃculum. En el segundo y definitivo debate de la Ley para la Redistribución del Gasto Social -proyecto económico tan urgente como las urgencias electorales de sus auspiciantes- nadie se baja del carro. O " del potro" , como dijo Luis Almeida en el discurso que pronunció antes de salir al baño. Bien puede él burlarse todo lo que quiera de Viteri, pero a la hora del té votará con el oficialismo. ¿Quién se resiste a la tentación de subir el bono de la pobreza a las puertas de una campaña electoral? ¿Y quién de los que andan en búsqueda de votos está dispuesto a que lo identifiquen como amigo de banqueros? Nadie. No, especialmente, los de Sociedad Patriótica.
A estas alturas del partido, el horizonte del debate público nacional se agota en el mito de Robin de los bosques. A lo largo de esta maratónica sesión que verá ponerse el sol, ya llegarán César Montúfar, MarÃa Paula Romo y otros pocos con argumentos diferentes. Alguno, tÃmidamente, pedirá permiso para suponer que los bancos cumplen alguna función en la sociedad. Pero los fundamentos conceptuales del debate serán los que deje sentados el primero que tome la palabra: Paco Velasco, presidente de la Comisión que tramitó el proyecto de ley enviado por el Ejecutivo.
"¡Vamos a veeer -empieza gritando-, vamos a ver quiénes están con los banquerosss!" . Pronuncia esta última palabra como entrecomillándola, arrastrando las consonantes y demorándose en las vocales para hacer ostensible su desprecio. Su estilo parlamentario reposa menos sobre las ideas que sobre las modulaciones, los tonos y los acentos que vuelven innecesarios los debates. Estar con los banqueros es lo más ruin que imaginar se pueda; y oponerse al proyecto de ley de Rafael Correa es estar con los banqueros. Punto. No importa si el que se opone es un tipo más pobre que una suela de zapato. O un izquierdista conocido de toda la vida sin relación alguna con los grupos financieros. Cléver Jiménez, por ejemplo. Si este dÃa dice no, es un miserable abogado de banqueros. Un tipejo. Lo aulló Paco Velasco con irrebatible cantidad de decibeles. Y sanseacabó. ¿O hay alguien que grite más fuerte?
"¡Cállate sinvergüenza!" , profiere con voz temblorosa casi al final de su alocución histriónica, sacudiendo el dedo conminatorio y enérgico en dirección a la bancada de Sociedad Patriótica. Entró pateando al perro y no admite interrupciones, menos ahora que está a punto de rebatir el argumento central de los banqueros. " Los bancos –grita- reaccionaron diciendo que habÃa rrrieeesssgooosss" . Ya está: argumento rebatido. Tres veces más que pronuncie esa palabra de esa forma y habrá convencido a todo el mundo. Maestro. Sócrates era un imbécil.
Sobre esos presupuestos comienza el debate. El primero en tomar la palabra es Ramiro Terán, del MPD, cuya intervención se resume en un saludo a la bandera que repetirán muchos este dÃa sin otro resultado que su tranquilidad de conciencia: con la condición de que " el bono deje de ser asistencialista y clientelar para que pase a ser bono productivo" , votamos sÃ. Fantástico. Sin duda los correÃstas lo tendrán en cuenta.
No ha terminado la intervención del diputado chino de Imbabura cuando un inusual movimiento empieza a producirse en el ala derecha del hemiciclo. Algunos asambleÃstas de oposición, entre ellos los de Sociedad Patriótica convocados por Gilmar Gutiérrez, los de Madera de Guerrero y el socialcristianismo arriados por Susana González, los que quedan del Prian y varios independientes movidos por voluntad propia, se reúnen junto a una de las puertas laterales de salida y abandonan el salón del Pleno para desesperación de los periodistas que siguen la sesión y no saben si seguirlos o quedarse.
Los asambleÃstas disidentes no van más allá del pasillo. AhÃ, Gilmar Gutiérrez los arenga: " Compañeros (Susana González mira al techo): los del MPD y los de Pachakutik van a votar a favor de la ley, asà que no tiene sentido que nos abstengamos como sostenÃa yo hasta el dÃa de ayer. Hay que apoyar la ley. Argumentando, por supuesto" . ¿Argumentando qué? Significativo resulta que nadie haga esa pregunta. Argumentando pues, argumentando, serÃa la respuesta.
Vuelven a entrar los de oposición. Sólo Susana González, poco convencida de lo que acaba de escuchar, se queda en el pasillo, multiplicando las consultas telefónicas. Se la ve inquieta. Ella y su grupo terminarán abandonando la sala antes de la votación, luego de haber expresado su oposición a la ley. Por el contrario, el bien mandado Luis Almeida volverá al hemiciclo para ejercitar su mejor discurso antibancario: " ¡Los banqueros no tienen alma! ¡A los banqueros condena la Biblia! ¡Por eso yo no me voy a bajar del potro!" . Aunque luzca tan convencido de sus palabras, es obvio que estarÃa diciendo exactamente lo contrario si tan solo a Gilmar Gutiérrez se le hubiera ocurrido votar en contra. Si ya se inventó el voto masónico, Almeida puede inventarse cualquier cosa.
Más de cuarenta asambleÃstas se han inscrito para hablar. A diez minutos por cabeza, la sesión pinta interminable. Sin embargo, bastaba con escuchar el primer cuarto de hora, incluidas las intervenciones de Terán y Almeida, para conocer el desenlace de esta historia. El correÃsmo gana con los votos de todos. Aun asÃ, los correÃstas tendrán que tragarse algunas piedras de molino. La más grande e indigerible: Pedro Delgado. ¡Qué placentero resulta para los de oposición restregar en la cara de los de Gobierno la figura del ex economista primo del Presidente de la República!
"Aquà están las pruebas de que Pedro Delgado es el autor de la crisis de la Corporación Financiera Nacional" , proclama Cléver Jiménez sacudiendo un fajo de papeles. " Este señor es el responsable mayor de la crisis del 99" , continúa: " ¡dejen de ser esbirros e investiguen!" . Cómodamente sentado en su escaño parlamentario, abstraÃdo de cuanto ocurre a su alrededor, el correÃsta Fernando Bustamante mantiene los concentrados ojos fijos en la pantalla de su computador. Ahora se entiende por qué, cada vez que se le pregunta sobre el primo del Presidente, el asambleÃsta responde que no sabe nada.
Una treintena de discursos, cada uno más olvidable que el otro, se suceden hasta el momento en que el presidente Fernando Cordero decide que ha llegado el momento a partir del cual todo lo que se diga es pura paja. Cosa que pudo decidir al principio. Por cierto, el gran aporte de Cordero al debate de la ley será cambiarle de nombre. Súbitamente preocupado por la sintaxis (que normalmente maltrata), sostiene que eso de " ley para la redistribución del gasto social" es un absurdo, pues no se trata de redistribuir el gasto. " Ley de redistribución de los ingresos para el gasto social" es lo justo y conveniente.
"¡Cállate, cállate, ya hablastesss!" . Llegado su turno, Susana González repite la actitud de Paco Velasco con su particular estilo. Se produce una situación de simetrÃa absoluta: sentada a la misma altura que Velasco (la primera o segunda fila desde arriba), amenaza con el dedo Ãndice a alguien que se ubica en el extremo opuesto. Entre los dos asambleÃstas dibujan una X imaginaria de groserÃa y arrogancia, un equilibrio de comportamientos polÃticos sólo roto por la correÃsta MarÃa Augusta Calle, que cree oportuno contestar a González pero no a Velasco: " Habló una estúpida" , dice, y exige respeto. Si lo pide de esa manera, cualquiera se lo da.
Resultado final: la ley se aprueba con 79 votos a favor, 4 en contra y 11 abstenciones. Al final de la jornada, justo antes de la votación, Paco Velasco vuelve a tomar la palabra, esta vez con menos estridencias. Lo hace para convencer, a quien quiera creerle, de la importancia que tienen las tres o cuatro modificaciones insustanciales introducidas en el texto a lo largo del debate, incluido el cambio de nombre propuesto por Fernando Cordero. Esta ley es la octava maravilla.
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25/Noviembre/2012 a las 07:30
¡ Qué pincel el de Roberto Aguilar! Traza con mano diestra los colores absurdos de un cuadro vergonzoso y tragicómico, la parte visible del drama llamado Ecuador. Tras bastidores, a la sombra, Mera, Correa, Patiño y Alvarado lucen sonrisas torcidas. Paco Ve-el-asco está bueno para polichinela.
Cero debate, las palabras vacÃas, los intelectuales miran para otro lado (brillante el comentario de Bustamante absorto en su computadora, Aguilar merece ser leÃdo con mucha atención). Lo que nos queda es reÃrnos de estos cangrejos, y eso sólo hasta que nos silencien completamente.
25/Noviembre/2012 a las 08:13
QUE BESTIAS, pobre pais