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Crónicas Ecuador Profundo III

Publicado el 08/Julio/2009 | 11:23

Por: Manuel Ruano

Para El Punto de Encuentro del Migrante

Amaneció por fin el día 12, rumbo al mercado a visitar a la señora Martita, la nuera de la legendaria señora de las corvinas del mercado Central y lo sé porque el secreto me fue revelado cuando en mis amaneceres de guitarra terminaban en el cevichito de los sábados, con el tostado recién hecho y la cerveza bien fría.

En la esquina de la Diego de Vázquez, me di el gusto de adquirir todos los periódicos de ese día, los titulares eran varios, uno nombraba a Fabricio y los contratos, otro anunciaba que a la famosa familia Simpson los declararían no gratos en el horario de cuatro a nueve, otro anunciaba la derrota de Maradona, el último de ellos hubo que sacudir para limpiar la sangre y poder ver la foto de una guapa tecnocumbiera rubia en ropa de trabajo, que linda.

En el segundo piso donde venden los jugos con agua hervida, estaba en la esquina de siempre mi caserita, se emocionó al mirarme llegar a los tiempos, un efusivo abrazo y un ¿Cómo le va? ¿Dónde se ha perdido? ¿Qué es de la mujer y los guaguas? Una alegría sin igual el ver que hay gente que lo quiere, que lo extraña, un hambre terrible al mismo tiempo responde al saludo.

Y ¿Cómo me le va mi señora Martita? ¿Cómo está su esposo, y sus hijitas? Me dijo muy orgullosa que la mayor ya era madre, que la hicieron abuela y que la menor estaba en la universidad, y ella siempre muy patriota y muy ecuatoriana, aún tenia la grabadora de doble casetera con calcomanías de la Tri en el mundial de Corea Japón, fotos de la Tri en Alemania, y una banderita verde, ella siempre muy solidaria con todos los presidentes, un afiche de Jefferson, y un póster de las quíntuples de sabores.

La conversación muy de casa , muy de amigos, llenó un par de horas, ella me contaba las cosas que habían pasado mientras yo no estaba y me di cuenta que la vida sigue aunque uno esté ausente, se le quita el mito que las cosas se quedan en el mismo lugar, y al mismo tiempo me recordaba de todas las caras que en este viaje había visto, me vino a la mente esos rostros de mi gente, a los que amo por ser de mi misma raza, de mi misma familia, que hablan mi mismo idioma, que tenemos los mismos sueños y aspiraciones, gente de mi misma Patria, y primera vez que le encontraba el sazón de decir la palabra que se repetía el día del juramento a la bandera, Patria tierra sagrada, por eso ha sido, por eso los de la revolución ciudadana la repiten tanto, porque suena y tiene sabor a mi gente, que lindo ser ecuatoriano, que lindo estar ahí entre los míos y entender los problemas propios, que lindo traer a la mente las caras de alegría de Robertito por ejemplo, el que manejaba la furgoneta y ver que tiene contento de ya no ser tercerizado, las caras de los niños de los parterres de la Prensa que aunque con frío y descalzos jugaban sin parar, las caras de los tricimoteros de la costa, la del cevichero del malecón, la cara de los manifestantes pelucones, sin miedo a expresarse en la calle donde antes los gases ahogaban las voces de los estudiantes, la cara del taxista confundido, la de Doña Marcia y sus nietos que almuerzan en la escuela, las caras de mis amigos del pueblito de San Gabriel, de donde crecí y que no pude verlos esta vez, las caras de mi pueblo, y aunque algunas de las cosas del gobierno no sean acertadas o perfectas, a toda esa gente le ha cambiado la cara, la esperanza, no sé por cuanto tiempo ni a que precio, pero algo es mejor que nada y recordé guardar en la maleta de regreso la camiseta de color verde como un recuerdo de esos días que quizás no volverán, o quizás sigan o quizás solo sean un sueño pasajero de los idealistas, los del Siglo XXI, los que quieren cambiar.

Dieron las diez de la mañana el viaje era como de media hora sin tráfico hasta donde me esperaba mi cómplice, hora de partir al momento final o al principio donde comenzó esta historia.

Llegué y ahí estaba, a la hora indicada y en el lugar preciso, los caramelitos salieron de la funda plástica, los chicles no aparecieron, tuvieron otro destino cuando el avión alcanzaba los diez mil pies y los oídos se tapaban como ignorando el miedo a las alturas, ella me dijo que sería cuestión de minutos para que la Dama de la Gymnopedie hiciera su entrada.

De espaldas a la puerta y con los minutos lentos escuché los pasos cortos y apresurados, me di la media vuelta, la luz dibujaba la silueta conocida, era ella, la Dama de la Gymnopedie, se habían cumplido los 20 años, tres meses, 12 horas, unos cuantos minutos desde la última vez. Hizo la pausa al mirarme, sus ojos se llenaron de brillo, de sorpresa, unos centímetros aun nos separaban del tiempo y el espacio, no se dijo una sola palabra, los brazos se extendieron, se elevaron a nivel de los hombros, un abrazo más que emocionado, una fuerza que salía de la memoria, pude percibir el olor de su pelo, sentir la piel por encima de la ropa, pude sentir un tic tic tac solitario y era el unísono de los corazones.

En ese momento y con los ojos cerrados la llevé hasta las nubes de los treinta y cinco mil pies del vuelo de llegada, allí la vi como era antes, la vi patinar por las nubes de algodón con la sonrisa de sus veintes, con la mirada arisca y fresca, nos miramos otra vez el uno al otro, y nos miramos a nosotros mismos, nos vimos con el tiempo en la piel, nos vimos con nuestras vidas separadas, nuestros hijos en cada lado, pero nuestras vidas en algún lugar muy distante muy cercanas.

Unas palabras de relleno para olvidar lo que habíamos visto, y comenzar a recordar ese momento para siempre, no es de todos los días que uno vive esto, me dije en voz alta, ella asintió con una sonrisa, sabíamos que nos iba a faltar mas de veinte años otra vez para contar todo lo que nos pasó cuando no estábamos, me pasaron por la mente los vallenatos y las canciones de rock en español que me la recordaban, a ella le pasaron las canciones de Air Supply y las de Foreigner, las tarjetitas de bazar con los nombres y los corazones dibujados a esfero, las llamadas a las madrugadas con conversaciones bobas.

No hubo más de que hablar, era mejor guardar todo en cajas separadas e inventar el silencio prudente, para no caer en cosas de chiquillos, para no mostrar que nos hicimos viejos antes de tiempo, para cumplir con los demás, es mejor así, así es y siempre será.

…a todos los pasajeros del vuelo 516 con destino a Miami, se les informa que aborden por la puerta número tres en el segundo piso… última llamada…

Tan! Tan!
FIN

Manny Ruano.
mruano@hoy.com.ec
Miami, Florida

Hora GMT: 08/Julio/2009 - 16:23



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