Por Jaime Izurieta Varea
Profesión ingrata la del crítico arquitectónico. Muchos que asumen tal misión, necesaria en una ciudad moderna con miles de propuestas unas buenas, otras menos y, ocasionalmente, alguna inaceptable son desvirtuados por un gremio hermético que no admite error alguno y no entiende la labor de la crítica. Este editorial incluye dos mea culpas. Uno por arquitecto y otro por crítico.
Resulta un tema en extremo delicado deconstruir una obra arquitectónica con una mezcla de nuestra percepción y sensación como único antecedente, sin conocer las motivaciones y la historia del autor más allá de las justificaciones para fundamentar la labor arquitectónica. Al momento de analizar las justificaciones, pobrísimas aun en arquitectos de talla mundial, el crítico descubre el elemento arquitectónico por antonomasia, el más utilizado, el más popular entre arquitectos de todas partes, de todas las tendencias y de todas las edades: el ego. Si un arquitecto cree que su obra constituye un regalo casi divino a la ciudad y a sus habitantes porque toda obra arquitectónica termina siendo parte integral de la vida urbana entonces el justificarla se hace secundario y las razones con las que fundamenta su creatividad son tan abstractas como inútiles. Es suficiente con la obra y, ¡cuidado!, nadie debe contradecir el producto de la creatividad de un gran arquitecto. En ese momento, el ego se mezcla con rasgos culturales como la ambigüedad al momento de criticar, la permisividad al enfrentarse a la obra de algún conocido y la limitada capacidad de respuesta ante un reto tan importante como criticar genuina y constructivamente el camino que toman los arquitectos que dan forma a la ciudad.
La crítica, seria y honesta, no responde a condicionamientos personales, no constituye un ataque ni está en función de la envidia de un arquitecto que nunca ejerció la profesión o de la ignorancia de algún individuo que ni siquiera la estudió. Es un factor fundamental y un filtro importante en la conformación de nuestra identidad estética, arquitectónica y urbana. Una crítica seria define los paradigmas arquitectónicos nacionales. Su labor es fundamentar y situar histórica, social y culturalmente una propuesta arquitectónica propia que dé identidad a nuestras ciudades. La coyuntura de la bienal de arquitectura, que motiva el pensamiento y la reflexión sobre el tema urbano y el vigoroso apoyo gubernamental al desarrollo de una cultura nacional nos ofrecen la ocasión para que surja una crítica arquitectónica y urbana seria, con conocimiento, profundidad y proyección. Una crítica respetada y aceptada, entendida como un filtro y una guía, sin el estigma de lo personal ni político, que distinga propuestas únicas, propias y universales generadas en nuestro país y que tengan la potencialidad de darnos nuestro lugar y ubicarnos en el mapa arquitectónico internacional.
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20/Noviembre/2008 a las 16:26
Como ecuatoriano de a pie, amante de la cultura y de la herencia cultural de nuestro país, quisiera saber si hay algún proyecto para al menos devolver al Palacio Municipal de Quito su antigua fachada, ya que es penoso que precisamente en el corazón del centro histórico de nuestra capital, Patrimonio Cultural de la Humanidad, dicho edificio ostente una arquitectura moderna, totalmente fuera del entorno colonial. Sería interesante que la prensa incentive un debate sobre este tema.