Juan Falconí Puig
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La banca es una actividad o negocio en el que las malas noticias y aun los rumores se riegan como pólvora causando daños irreversibles en el sistema financiero en general y las consecuencias son, está demostrado en la historia mundial, dramáticas para la economía de los habitantes y de los países todos, cuando sufren esas crisis financieras. No hay vacuna para el contagio que inexorablemente agrava la desconfianza de los depositantes e inversionistas y, hoy por hoy, producto de la globalización, ese contagio se da de país a país.
La crisis que se vive en Europa, originada en Grecia, donde han manejado los fondos públicos ligera e irresponsablemente, pues los recursos del Estado han sido prácticamente dilapidados (ver artículo del 17 de marzo de 2012) contagia y se extiende a España, con grave riesgo de propagarse a vecinos como Italia y Francia. Claro, desde que existen los bancos parten del supuesto que los depositantes no retiran todos sus depósitos al mismo tiempo y por eso efectúan las operaciones activas de préstamos y otras, con los dineros de los depositantes. El problema estriba y se torna insoluble cuando esos bancos no son, solamente, ilíquidos por la corrida de depósitos sino también insolventes porque sus activos -léase bienes e inversiones- no alcanzan para cubrir sus obligaciones o deudas.
La lógica es muy sencilla y los ejemplos que puedan surgir de la microeconomía tienen su réplica en la macroeconomía donde la diferencia es, principalmente, la cantidad de dígitos. Así, por Ej. si un profesional, empleado o en definitiva asalariado gasta más de lo que le ingresa, tarde o temprano su economía terminará colapsada. Lo mismo ocurre con los bancos, las grandes empresas y aun con los Estados que, si bien no quiebran pueden llegar a una situación de cuasi insolvencia y/o suspensión de pagos, particularmente en el ámbito internacional. Esto, obviamente, se agrava cuando para solucionar esas crisis teniendo monedas propias, emiten más dinero resultando peor el remedio que la enfermedad. Empero, desde el Tratado de Maastricht y la creación del Euro como moneda europea (con excepción del Reino Unido) los países ya no pueden emitir papel moneda, que a la postre se convierte en moneda de papel, y por ello ahora se contempla que Grecia se aparte de la Unión.
Pero cuando se da la corrida de depósitos del sistema financiero, surgen las "soluciones" que no tienen nada de mágicas pero encaminadas siempre a detener esas corridas, mediante el congelamiento de depósitos, "corralitos" o medidas similares, destinadas a permitir a los banqueros legalmente no devolver el dinero a sus depositantes. De ahí que se diga y con bastante razón, que quiebran los bancos, no los banqueros. Finalmente, cuando impera la desconfianza, que se retroalimenta cada minuto, hace que situaciones que en términos normales podrían ser manejables sin mayores traumas, se tornen prácticamente imposibles. Ojalá España y Europa pronto superen la desconfianza.
Autor: Juan Falconí - Ciudad Quito
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