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Cosquín

Publicado el 06/Febrero/2010 | 00:05

Por Margarita Laso
mlaso@hoy.com.ec

En la plaza San Martín, ahora llena de carpas de artesanos, se ha montado un escenario más bien pequeño. Es la reproducción del mismo tablado que hace 50 años cerró la ruta y abrió el camino del más grande festival de folclor argentino: Cosquín. La tarima techada tiene un fondo de unos tres metros y la adornan las banderas albicelestes. No se parece al escenario imponente de la plaza Próspero Molina, sede central de estas jornadas de fiesta y música, hacia donde caminamos algo estremecidos. Ya son más de las 9 de la noche, y apenas ha oscurecido. Gente de toda la Argentina ha llegado para 12 noches de música, y letreros que anuncian habitaciones con cama para cuatro cinco siete cuelgan de algunos postes. Las calles, de casas más bien bajas pero custodiadas por árboles, contienen un inusitado movimiento de artistas. Instrumentistas y magas de los sonidos se instalan en algún lugar de la vereda, la esquina o el parque y ofrecen canciones, destrezas, sentidos privilegiados. La gente que compone el público camina ávida y es generosa para recibir. Ya dentro de la plaza, disfrutará de unos 20 números artísticos cada "luna": bailes colectivos, solistas, figuras consagradas, jóvenes ganadores de los festivales previos.

Entre enormes representaciones continentales allí vemos al gran Horacio Guarany, quien bordea los 90 años. El abuelo que se ha despedido tantas veces del público disfruta de su indulgencia, vuelve y se afirma en sus viejos temas, himnos que son de la historia de Latinoamérica. Recuerda a "los humildes gorriones de los diarios". Y dice que "si el vino viene, viene la vida". Al cabo de estas décadas, sonrío al pensar que los diarios ya no parecen gorriones humildes, pero el vino sigue trayendo calor a las guitarras y a las noches. Con inmenso amor propio, la Argentina de Cosquín vive tradición, renovación, identidad, historias de hombres y mujeres de toda su geografía, de sus regiones. Zambas que aquí, en el país ecuatoriano, hemos contribuido a hacer universales, chamamés, malambos, chacareras, en las voces de sus creadores, celebran cincuenta años de canto expansivo, de canto continental. Muchísimas canciones argentinas y de otros países hermanos son en el Ecuador canciones de la casa. Se quedaron a vivir.
En contraste, poca música ecuatoriana se conoce en este sur, pues el intercambio está muy desbalanceado.

Aquí están estos caminos en los que los árboles son doblemente asombrosos. Las hojas no tiemblan tanto con este viento para ponchos como la caja del corazón. En Córdoba, Cosquín no es solo la sede de un festival enorme en donde cantores poetas músicos argentinos y latinoamericanos labran su ruta de amor a lo propio. Cosquín es una construcción humana que bordea un hermoso río, sólidos troncos de álamos, pétalos rosas en los crespones. Y pasa la luz de nuevos acordes a través del verano y se deja oír el repicar de un bombo. Aquí estamos los compañeros bajo un manzano cargado. Entre las frondas leves y volátiles del río, dejamos nuestras canciones y el sonido del aro no nos deja suspirar.

Hora GMT: 06/Febrero/2010 - 05:05

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