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Cosas del destino

Publicado el 03/Mayo/2008 | 00:00

La historia de la humanidad es la búsqueda sin fin de la justicia, por eso cada conjunto de derechos reconocidos a esa necesitada porción de humanos es una aproximación a ese irrenunciable anhelo.

Las vías andadas hacia la justicia se hacen a porfía de la solidaridad. “El saber, como el fuego, se busca en casa del vecino”. Los ancestros eran necios en eso de arracimar inteligencias para fines justos. La pluralidad es la característica que más se destaca en este periodo cultural denominado posmoderno. De la proclamación de los Derechos del Hombre a los Derechos Humanos pasaron casi 18 décadas y de ahí al reconocimiento de los derechos culturales no más de cuatro. Los espíritus de lobos esteparios apenas permiten narrar un leve episodio de historia, el torrente mayor va con los grupos, las asociaciones tribales, los conglomerados politizados o las naciones aun con sus cortocircuitos políticos. Pero en todos esos movimientos sociales y en esas relatividades identitarias el alcance, no siempre expresado, son espacios cada vez más amplios de justicia.

Hace 160 años fue publicado el Manifiesto del Partido Comunista, su intención más inmediata fue mostrarle a la clase obrera su potencial creador de riqueza ajena, el internacionalismo del proletariado, los efectos coincidenciales negativos de las carencias de justicia en los albores del capitalismo. En la escala de reconocimientos de derechos al fondo, muy al fondo, estaban los esclavizados. Depatriados, negados su derecho a la vida y guerreando por cada pensamiento propio para no desaparecer como individuos culturales. En esta posmodernidad y con legislaciones en teoría más justas sorprende la distancia con la realidad gobernada desde los estados. El neoliberalismo, sin importar sus características locales, fortaleció el racismo como pretexto para dividir a los reclamantes de justicia. El ejemplo, de lo anteriormente dicho son los pésimos indicadores sociales y económicos de los afroecuatorianos. Sin excusas, dentro de un país “los individuos deben ser físicamente aceptados y políticamente reconocidos. Ambos elementos, aceptación física y reconocimiento político constituyen la pertenencia. Ambos son, por tanto, las credenciales para el ejercicio del derecho de ciudadanía”. Testimonio de José Manuel Bermudo, catedrático de la Universidad de Barcelona. Este jazzman insistiría en el “ejercicio completo del derecho de ciudadanía”, porque lo contrario consagra trágicos opuestos: privilegios y postergaciones. Los de arriba con todo el repertorio de decisiones y los de abajo con su trajinada vida de cuadrito. Las prédicas para convencer que “son cosas del destino” ya son muchas y desde muchos púlpitos. El escritor afroamericano Amiri Baraka comentaba esta incomodidad social, pero también cultural: “El destino es un lujo disponible solo para aquellos afortunados ciudadanos con alternativas”.


Hora GMT: 03/Mayo/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Juan Montaño Escobar

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