Por Consuelo Albornoz Tinajero
cat@hoy.com.ec
El Gobierno ecuatoriano y la Confederación de Nacinalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) se han puesto de acuerdo: han declarado su rotunda negativa al diálogo y, para ello, han recurrido a la retórica incendiaria y mutuamente ofensiva. "Estamos dispuestos a morir y matar", expresó uno de los dirigentes shuar en la marcha en Cuenca. ¿Acaso está buscando un mártir? ¿O un héroe? "Rafael Correa está enfermo de odio y de vanidad", señaló otro.
¡¿Cómo?! La eliminación física es la mayor expresión de odio... ¿En qué quedamos, entonces? ¿A que conducen estas expresiones? Solo a incrementar la escalada de violencia verbal que ha caracterizado la relación entre los indígenas y el Gobierno en los últimos dos años.
Desde el oficialismo, en cambio, los indígenas son acusados de separatistas, de aliados de la derecha y de la oligarquía y comparados con Nebot. Simultáneamente, son imputados de pretender desestabilizar al Gobierno. Y, frente a ello, el propio presidente invita al pueblo ecuatoriano a levantarse contra esas actitudes, las de la Conaie.
¿Enfrentar un levantamiento con otro levantamiento? ¿Ecuatorianos contra ecuatorianos? ¡¿Cómo?! ¿Acaso los indígenas no fueron sus iniciales aliados?
Como para atizar la virulencia verbal, el periódico oficial El Ciudadano describe la escasa concurrencia de "alrededor de 800 personas" a la marcha en Cuenca. ¿A qué viene el dato? Probablemente, a subrayar en la condición minoritaria que el oficialismo endilga a los pueblos indígenas. Y que se inscribe en la frecuente mención de que ellos, el Gobierno, son mayoría. ¿Deberán estar tranquilos, por tanto? ¿Las minorías no importan ni interesan?
El intercambio de ofensas y agravios, ¿a qué lleva? A fragmentar, a polarizar; al resentimiento, al desperdicio de recursos escasos y a ser portada de las agencias de noticias internacionales, un fin de semana.
¿Qué hacer, entonces? A quien primero le corresponde morigerar los exabruptos es al jefe del Gobierno Nacional: al presidente de la República.
No es un buen ejemplo para la sociedad ecuatoriana enfrascarse en una riña verbal con dirigentes de un movimiento social.
Él es el jefe del Estado de un país pluricultural, en el que hay minorías y mayorías, indígenas y mestizos, opositores, amigos y rivales. Desbancar la intolerancia es el primer paso que el Gobierno deberá dar si está interesado, realmente, en emprender un diálogo.
La deliberación es lo que el Ecuador necesita, y de modo urgente, sostenido, pluralista y democrático.
Hora GMT: 06/Marzo/2010 - 05:05
