Por Juan Falconí Puig
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El Estado es uno y el poder reside en el pueblo, que no entiende de diferencias entre sus funciones, más allá de que tales diferencias, que una legisla, otra administra y la tercera debería hacer justicia, no son absolutas. La justicia es un servicio público que se ha tornado cínicamente corrupto, retardado, con escándalos permanentes. El que roba una gallina puede pasar años en prisión, mientras que, a los que han saqueado al Estado y a miles de depositantes, los jueces los llaman "señores". Han sido, claro, dueños de canales de televisión, de los que por ahí todavía les queda Uno; dicen cómo y cuánto quieren pagar, si algo admiten que deban pagar de los miles de millones que se llevaron, con "vuelto" de yapa. En esta etapa, pretenden escudar la inmoralidad y la ilegalidad en la dizque "chochera" de quien no oculta el dilatado sainete de los pícaros conjueces. ¡Es el paisito!
Si antes, con Ingenio, Aztra violaron impunemente el principio de la cosa juzgada, una de las más elementales garantías procesales, de seguridad jurídica y de convivencia pacífica, que hoy alteren el mismo principio para evitar la siguiente etapa procesal del plenario solo es, para ellos, nuevo pecadillo venial.
Es que, como decía Quevedo, en lugares en los que hay poca justicia, es un peligro tener la razón, y en este lugar solo falta que unos conjueces de pacotilla digan que es "legal" que llueva para arriba.
Para esos, el imposible jurídico es lo probable, pues, antes que la Constitución y la Ley, prevalecen el contubernio y la tentación que generan ciertos expedientes.
Alegan ahora que el fiscal general nada había dicho, no obstante que después de la confirmación del auto de llamamiento a plenario, de acuerdo con el Código de Procedimiento Penal de 1983, no era necesario que diga nada más. Otro, pues, de los tantos argumentos disparatados, como aquel de la fiscal condecorada clandestinamente por Lucio Gutiérrez, en el sentido de que el Banco Central no había prestado el dinero a los administradores del banco privado, sino a este último que, como persona jurídica incapaz, solo podía actuar a través de sus representantes, que además eran los dueños.
Acaso no es esto pensar que este país es tierra de nadie, en donde no existen leyes, facultades de Derecho ni abogados.
Ya sin cloacas a la orden, hoy contratan periodistas y empleados de medios que tratan de seguir engañando a la opinión pública. Tal vez por ello, Xavier Zavala Egas, en diario Expreso del 9 de febrero anterior, dice con precisa ironía: "Nuestras cortes, al decir de los mismos que antes las infamaban, ahora son celestiales, llenas de majestad, autonomía y un cúmulo de sapiencia jurídica". Así las cosas, luego de la confirmación del auto de llamamiento a juicio que hizo la Sala del juez Ulloa, nada se podía agregar. Solo cabe pasar a la etapa plenaria, pero a los contumaces la "Corte Celestial" les expresa "amor", dejándolos llevarse al Ecuador "en peso".
Hora GMT: 12/Febrero/2010 - 05:09
