Mientras este Gobierno pretende que sus seguidores sigan soñando en un cambio bajo el ofrecimiento de establecer en nuestro país el llamado Socialismo del siglo XXI, hasta ahora nadie ha obtenido una definición oficial y ni siquiera una descripción de qué es, o en qué consiste tal propuesta ideológica
o demagógica.
Lo que sí estamos viendo en la realidad de todos los días es el procedimiento o instrumento que necesita el Gobierno para lograr sus propósitos, que es el control.
Control de todas las instituciones del Estado; control de la generación de ideas y formas de educación; control de las jerarquías policiales y militares; control de los consejos provinciales, municipios y juntas parroquiales y sus respectivas autoridades; dominio sobre las ONG, fundaciones y corporaciones; control sobre las organizaciones intermedias de la sociedad civil; control sobre los medios de comunicación; y, el colmo, control hasta sobre las instituciones y funcionarios de control.
Y la forma de conseguir ese control empezó con el uso de la fuerza. Al comienzo, por medio de agrupaciones políticas que forman parte del Régimen, con un grupo de garroteros, asaltó el Tribunal Supremo Electoral hasta que cuatro de sus miembros, aterrados, se sometieron a las instrucciones gubernamentales
y fue la primera institución ajena al propio Ejecutivo, sobre la que logró control.
Luego, esos vocales del Supremo Tribunal destituyeron a la mayoría de diputados del Congreso Nacional, imponiendo bajo fuerza policial la posesión de diputados que también se sometieran
y el Congreso fue la segunda institución bajo control.
Después, con un Congreso Nacional de mayoría gobiernista, amenazó a la Corte Suprema de Justicia para que se quedara quieta, nombró altos funcionarios de control, y reorganizó al Tribunal Constitucional con vocales propios
y fueron otras muy importantes instituciones bajo control gubernamental.
Finalmente, sin control de nadie por encima del Gobierno, derrochó recursos públicos en la campaña electoral para la Asamblea Nacional, logrando un triunfo demoledor con mayoría absoluta de asambleístas propios y arrimados
bajo las órdenes y control oficial.
De allí en adelante, las consecuencias son obvias. Con lo que tenemos claro que, para lograr imponer el Socialismo del siglo XXI, necesita el Gobierno lo que está logrando, esto es
el control total.
Hora GMT: 24/Febrero/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Vladimiro Álvarez Grau
