Segundo E. Moreno Yánez
smoreno@hoy.com.ec
La esencia humana, como tal, es ser comunicativa. De allí se desprende que sin el ir y venir de la palabra, es decir, sin el diálogo no hay humanidad. "Es comprensible, por consiguiente -asevera Lluis Duch (Estaciones del laberinto, Barcelona, 2004)- que consideremos la comunicabilidad humana, que siempre implica unos determinados procesos de imitación, de traducción e interpretación, como la categoría antropológica fundamental". Por lo tanto, "afirmar que la naturaleza del ser humano es su cultura, equivale a decir que, para bien y para mal, la comunicación relacional es el constitutivo esencial de lo humano. Propiamente, allí en donde solo hay información se experimentan la mengua de la capacidad del ser humano y el vertiginoso aumento de la violencia".
En este contexto, es acertado haber puesto como lema del 54.º Congreso Internacional de Americanistas (Viena, 15-20 de julio, 2012): "Construyendo diálogos en las Américas". Desde el Primer Congreso en Nancy, en 1875, el Americanismo se configuró como disciplina académica y científica basada en el diálogo y en una discusión constructiva. El sustantivo griego diálogos (dia: a través de, y logos: palabra, sentencia, argumento, juicio, razón) tiene como primer significado la conversación razonada y con intercambio de opiniones. Las formas verbales: dia-légo (conversar, discurrir, razonar) y dia-logídsomai (calcular exactamente, considerar, examinar, discutir) confirman la acepción original. El diálogo, sin embargo, no tiene el significado de un debate estático y menos de callar y obedecer órdenes, pues el intercambio de opiniones es parte de un proceso de continuo cambio en la búsqueda de una síntesis, para llegar no solo a un aparente o efímero consenso de "voces plurales", sino a la búsqueda de la verdad, orientada hacia un "pensar ecuménico". Con razón, rememora Jesús Ballesteros (Postmodernidad: decadencia o resistencia, Madrid, 1997) que no cabe encontrar una respuesta más adecuada que "la doctrina de la Ahimsa de Gandhi. Se trata, en efecto, de sustituir la voluntad de disuasión, por la voluntad de persuasión". Son muchos los retos que depara el porvenir, por lo que, una vez más, conviene insistir en la necesidad de que estos eventos científicos no solo respondan a las expectativas académicas, sino también, en constante diálogo, a las necesidades, anhelos y aspiraciones de las nacionalidades y pueblos del Nuevo Mundo, donde todavía viven muchos "actores olvidados de América". Si gracias al establecimiento del diálogo avanza la ciencia, con mayor razón es imprescindible en el quehacer político, pues la esencia de la democracia es, a través del diálogo, buscar consensos. Por algo se puede afirmar sin temor a equivocarse que, entre los derechos humanos inalienables, íntimamente ligado al paradigma de la "calidad de vida" está el derecho al diálogo.
Autor: Segundo Moreno - smoreno@hoy.com.ec Ciudad Quito
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