Por Carlos Jijón
Qué poco duró la Constitución de 2008. La que iba a durar 100 años, la que iba a iniciar una nueva república, no solo ha sido rota ya por un Tribunal Constitucional que, al margen de la nueva Carta, se autoproclamó como la primera Corte Constitucional; sino en que en menos de un mes de ser aprobada por abrumadora mayoría, se apresta a ser violada por segunda ocasión, con un acuerdo para permitir que los 31 jueces de la disuelta Corte Suprema de Justicia permanezcan en funciones prorrogadas, cuando el régimen de transición manda, que de ellos se escoja por sorteo a 21 para integrar la nueva Corte Nacional de Justicia, recién creada según las nuevas normas.
Advierto que siempre he creído que despojar de la calidad de "Suprema" a la Corte que debía ser de última instancia es una novelería sin sentido, que no mejora en modo alguno la administración de justicia. Que aún sospecho que el real objetivo de la reorganización es tomar el control de las cortes y someterlas a una nueva clase política que aspira, sin pudores, a reemplazar a la antigua partidocracia. Y que entiendo el derecho de unos jueces, que tenían la calidad de supremos, a renunciar a sus funciones una vez que el nuevo orden les disminuyó de categoría. Pero la ley es la ley. Y la Constitución es la ley suprema.
No hay artículo alguno en el régimen de transición que permita quedarse sino a los 21 que fueron sorteados en esa especie de tómbola de la fortuna, por más que sea esa una manera de subsanar el tremendo caos provocado por quienes redactaron de tal manera dicho régimen. De tal manera que no tiene ningún asidero jurídico la salida propuesta por un tal comité de crisis, y anunciada nada menos que por el "Corcho" Cordero, en su calidad de presidente del congresillo: que se deje sin efecto el sorteo de jueces ya efectuado por el Consejo Nacional Electoral y que la Corte Suprema en pleno se prorrogue en sus funciones hasta que el congresillo dicte una nueva ley orgánica de la función judicial para que los magistrados sean reemplazados a través de un procedimiento distinto al de la tómbola.
Absurdo. Una "componenda", habrían advertido los antiguos críticos de la "partidocracia". Sería irrespetar las normas supremas que ellos mismos redactaron hace apenas un mes. Un mandato constitucional no puede ser reemplazado por un acuerdo político; ni por el consejo de una Corte Constitucional (que ya sabemos cómo fue integrada y cómo han asumido esas funciones para las que nadie los ha elegido); ni siquiera por una nueva ley, puesto que nada, ni nadie, puede mandar más que las normas de una Carta Suprema.
El único camino es el de una reforma constitucional, de acuerdo a las normas ya aprobadas. Una pena. Tanto tiempo gastado, tanta energía democrática derrochada, para seguir en lo mismo.
carlosj@hoy.com.ec
Hora GMT: 13/Noviembre/2008 - 05:07
