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Consigo mismo...

Publicado el 08/Agosto/2009 | 00:11

Por Luis Alberto Luna Tobar

Con frecuencia y con la misma fidelidad de siempre en lo que implica la guarda de la propia integridad, nos asustamos frente a la ligereza y futilidad con las que se tratan nuestros expositores sociales desde el momento en el que les vence su vanidad y les convence su débil real autoestima. Un análisis responsable del pensamiento de las principales figuras de nuestro mundo social no pasa de ser un afán fútil de la sinceridad crítica que tiene corta cabida en las opiniones comunes y que tan solo sirve para llenar vacíos de momento con retazos sin fijo destino. Por esta razón superior de conciencia, ella se estimula y expresa en cualquier instante, que se juzga oportuno aunque no lo sea, todo lo que por algún tiempo se ha retenido en la intimidad y, repentinamente, maduró y se ofreció al consumo público con sobrada indiscreción, porque el efecto que suele causar nunca deja de herir y de ofender. Es imprescindible, en un sano intento público de encuentro sincero de opiniones y contrapesos de criterio, no retener nunca en la conciencia, sin agilitarlo en un buen consejo oportuno o en un discreto signo de educada contraposición, de aquellas que se oponen a lo inútil agresivo o lo violento heridor, con signos sencillos y meridianos de crítica constructiva. Y está aquí, en una creciente y urgente necesidad de nuestras comunidades que, de toda manera y aún sin voluntad expresa, tienen que actuar periódicamente en la evolución de ciudades y pueblos, sobre todo en los afectados por los signos evidentes de crecimiento y personalización. Es una frase recurrida con notable frecuencia aquella que recogemos de labios de toda comunidad en proceso de crecimiento: "Estamos creciendo".

Es evidente este crecimiento si se analizan los comunes elementos de vitalidad que los pueblos acumulan como prueba de su desarrollo y los presentan en recurrente sinceridad, para atestiguar comunitariamente que tienen conciencia de ese desarrollo y que exigen la respuesta social lógica. Entre esa conciencia y sus naturales exigencias, se formulan las contraposiciones de partes políticamente interesadas en apoyar al grupo de voz más hiriente o de postulados sociales más emotivos. Hace falta que los empeñados en la conducción política popular conozcan con auténtico realismo el fondo anímico de "su" pueblo. Hay vacíos abismales entre pueblo y dirigentes comunitarios. El pueblo sí sabe gritar, pero no los que asesoran sus proclamas de alta voz popular, en el sentido de plebeya. Entre los dos exponentes de lo popular media una distancia que la llenan los más contradictorios, cuando no también bastardos, intereses. Este mundo tiene que llevar consigo el que se compromete con la comunidad. Tratemos de trabajar unidos. Un encuentro individual con toda la comunidad no es posible. Un encuentro comunitario con todos los individuos se debe convocarlo, se debe realizarlo. Este empeño es políticamente necesario y socialmente urgente, pero ojalá haya líderes que entiendan esta necesidad y traten de hacerla real en el servicio del préstamo de la palabra al que no la tiene y de la razón al que quiere buscarla.

analisis@hoy.com.ec

Hora GMT: 08/Agosto/2009 - 05:11

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