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Confusiones

Publicado el 11/Octubre/2009 | 00:12

Por Pepe Laso R.

joselaso@hoy.com.ec

De golpe se presenta y me pregunta y entonces contesto y le digo a la periodista, no me hará decir cosas que no he dicho. Ella graba la entrevista y se va. Y yo me digo, pobrecita, cómo ordenará aquello que le he dicho de una manera tan confusa y me he puesto a pensar otra vez, para mis adentros, y a tratar de entenderme a mí mismo de una manera muy simple. Lo que la niña me preguntó fue algo así como que si entre los proyectos de Ley de Comunicación, que se han presentado a la Asamblea, unos parten de una concepción en que la comunicación es pensada como un derecho y otros, como un bien público. Y esto mismo ya lo había escuchado en alguno de los foros importantes que se han realizado estos días. Y recién cuando ella se fue comencé a aclararme y me dije de una manera simple y hasta simplonamente necesaria para mi entender. Hablar, comunicar, es decir, intercambiar de diferentes maneras en el campo de lo simbólico, como tener necesidad de tomar agua o de alimentarme, o de respirar o de moverme, son

necesidades humanas que fundan mis derechos. Y otra cosa son los bienes indispensables para que esos derechos puedan realizarse, el aire o el agua y, si esos bienes son necesarios para todos, entonces son públicos. Y en este sentido, si el espacio radioeléctrico es indispensable para poder comunicarse mediáticamente, es un bien público, porque es indispensable para la transportación de la comunicación, es decir, para el ejercicio mediatizado del comunicar Y como estos bienes públicos son limitados, tiene alguien que regularlos para que estén a disposición de todos. Y los derechos se violan, como sucede, si solo uno se toma toda el agua de todos, o absorbe todo el aire o se lleva toda la luz o no deja espacio radioeléctrico para los demás. Parece esencial aquella frase de que mi derecho termina allí justamente donde comienza el del otro. Y entonces, le hablé de eso que escribió Thompson sobre el pluralismo regulado. Y cuando salí de mi oficina, en busca de la periodista, para contarle que había tratado de c

larificar mis ideas, la vi por la ventana alejarse, con la confusión de mis palabras en su grabadora. Pero si la niña regresaba y me preguntaba, por ejemplo, y quien es ese alguien que debe regular los bienes públicos y sin mayor necesidad de una gran teoría política le hubiera respondido, el Estado y si me preguntaba: ¿Y si el Estado se toma toda el agua ? ¿ Y en tiempos de unas formas globalizadas de uso de esos bienes públicos que van más allá de las fronteras de los Estados nacionales ? Y entonces yo le respondería igualmente a través de una responsabilidad global.

Y si ella me dijera hasta aquí le entiendo más o menos, y se puede regular el comunicar, como la sed o como el respirar, es decir la libertad, la terrible libertad del decir esto o aquello porque, además, las palabras no sirven simplemente para informar sobre un estado de cosas, sino que influyen en las relaciones de poder entre los seres humanos. Entonces le dije hay que construir entre todos la verdad, pero jamás hay que olvidarse que la comunicación también nos sirve para reírnos de los poderes, de las confusiones y de las serpientes que nos habitan.

Hora GMT: 11/Octubre/2009 - 05:12

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