Por Marlon Puertas
mpuertas@hoy.com.ec
Confieso que cuando me enteré de que los canales Gama y TC Televisión por fin salieron del control de los hermanos Isaías, la sensación que tuve fue de satisfacción. Pensaba, en ese momento, que se ponía fin al descontrol y abuso que los ex banqueros implantaron en el manejo de los canales de televisión. Recordé cómo por esas pantallas se intentó destrozar la imagen de otros dueños de medios de comunicación que se atrevieron en momentos complicados -por los vínculos políticos que dominaban- a investigar un poco más de lo normal las verdaderas causas de la quiebra del Filanbanco.
Tal vez ese ataque, iniciado por quienes están procesados por la Justicia y que, sin embargo, siguen siendo considerados por distintos Gobiernos como dignos invitados a mesas de negociaciones, fue la semilla que germinó en una injusta generalización de los medios y sus periodistas. Guerra de canales, dijeron muchos. Pugna entre dueños, titularon otros.
Con las caras llenas de lodo, fue difícil establecer en medio de la polémica quién era quién y quiénes, finalmente, habían intentado sencillamente hacer periodismo.
Ahora Gama y TC están libres de los Isaías pero siguen presos de Correa. El resultado es catastrófico y cínico. Al punto que la herramienta favorita de destrucción de los ex banqueros pasó a ser propiedad de los revolucionarios verdes.
Alimentándose, para eso, con comunicadores salidos de los propios medios que tanto combate este Gobierno y que dócilmente se transformaron en voceros del buen vivir, dejando atrás y para siempre el periodismo, el que, por cierto, nunca ejercieron con la calidad y la valentía necesarias para triunfar sin palanqueos políticos o personales.
Ahí están. Entrevistan, dirigen noticieros, adoptan poses a lo Carlos Vera, pese a que tanto lo detestan.
Ver 30 minutos de sus noticias equivale a nutrirse de piezas de antología acuñadas al puro estilo del periodismo cubano o chavista. Lo que exponen ante las cámaras, lo hicieron ayer por los Isaías, hoy por Correa y mañana -sálvanos Dios- por Lucio. Les da igual, y a eso llaman profesionalismo. Las debilidades que demuestran solo ratifican la improvisación que abunda en este Gobierno, acostumbrado a subestimar las responsabilidades de los altos cargos y encargárselos a cualquier aliado circunstancial que pasó por ahí portando una banderita verde.
Aquello les hace daño y no se dan cuenta. No piensan que las pantomimas de periodismo que ofrecen solo abren los ojos a los ciudadanos respecto a lo que les espera una vez que se aplique la mordaza, suspendida momentáneamente pero tan necesaria para la revolución.
La conciencia y el rechazo que se está despertando en el país, se los debemos en parte a ellos. La mejor campaña en contra de la Ley de Comunicación la hacen ellos. Con sus entrevistas. Con sus reportajes. Gracias, infinitamente, por haber demostrado desde ahora lo que son capaces de hacer. Porque mientras más cínicos sean, más fuertes serán las diferencias entre unos y otros. Y será más sencillo establecer finalmente quién es quién.
Hora GMT: 12/Diciembre/2009 - 05:10
