La protección debida a las víctimas no puede pasar por la complicidad con sus victimarios
Omar Ospina García
oospina@hoy.com.ec
Aludo a la frase de Don Quijote que se cita con un significado que no tiene en el texto ni tuvo en la intención de Don Miguel, pues el contexto literario era la búsqueda por el Caballero Manchego del "palacio" de su Dulcinea. Pero que cae de perlas para el tema. Porque es necesario topar con una Iglesia protegida por un silencio producto de la imposición y hecho costumbre con el argumento, indiscutible por incomprobable, de un carácter divino adjudicado por aquellos a quienes Dios "reveló" su voluntad.
Con tal pretexto, una institución de gestación y hechura humanas, ha logrado silenciar actividades no siempre rectas, no siempre justas, no siempre éticas. Y no es "leyenda negra" como se dice en tono cómplice, sino historia investigada, espulgada y publicada con reticencias, con impedimentos continuos y recurrentes, y con mucho miedo a las amenazas infernales y al poder inquisitorial. Ahí están, entre otras obras, los diez tomos de la Historia Criminal del Cristianismo, de Karl Heinz Deschner, que podrán ser criticados, desdeñados y denostados por los creyentes, pero no contradichos.
El penúltimo escándalo tiene a la Iglesia en aulagas: desmedida ambición de algunos cardenales papabiles, espías unos de sus colegas, manipuladores otros de los secretos que guarda la Institución, cómplices de malos manejos económicos y vitandas relaciones con la mafia, y hasta conspiradores para asesinar a un Papa que quiso poner orden en el desenfreno y cota a las non sanctas acciones de sectores inescrupulosos. La muerte de Juan Pablo I, recogida por Francis Ford Coppola en El Padrino, no es tanto leyenda cuanto muy posible hecho histórico, incomprobable por el secretismo que lo rodea.
Ya es hora de penetrar en los arcanos de la secretísima institución, incluso en beneficio de su propia supervivencia. Es demasiado lo oscuro y lo tétrico que ocultan sus archivos, estantes, escritorios y baúles, y todo ello tiene que ver con la gente, con la humanidad, sea o no creyente. Argumentar la necesidad de "cautela extrema" en estos asuntos, es cohonestarlos. La protección debida a las víctimas no puede pasar por la complicidad con sus victimarios, como quisieran algunos. Lo que llaman "generalizaciones idiotas", son comportamientos inmorales escondidos, tapados, silenciados pero, poco a poco, conocidos y comprobados. Por cierto, comparar la Ética del arquitecto, el médico o el profesor con la que rige al religioso, es perverso. La deontología del arquitecto le obliga a construir bien, la del médico a sanar bien, la del maestro a enseñar bien. La ética del religioso lo obliga a cuidar la moral y la virtud propia y la de sus alumnos, feligreses, monaguillos o huérfanos acogidos con caritativa misión evangélica, y a veces con criminales resultados como en el caso del Padre Marcial Maciel, de ingrata recordación pero objeto de la complicidad de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Y no es que estadísticamente sean tan pedófilos y pederastas otros profesionales como los religiosos, pues a estos los cubre el silencio que no alcanza para los demás, y tienen las oportunidades que otros no tienen de ordinario.
Coletilla: Sí, ya es hora de que caiga el velo sobre el comportamiento de curas, obispos, cardenales y papas, y que sus acciones humanas sean investigadas, expuestas y castigadas como las de cualquiera otrapersona sometida a los dictados de la Ley y, sobre todo, a la ética del comportamiento humano.
Autor: Omar Ospina - oospina@hoy.com.ec Ciudad Quito
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10/Junio/2012 a las 12:20
Pregunta, señor Ospina: ¿por qué la obra de ese tal Deschner no puede ser contradicha? Cualquier obra de investigación puede ser impugnada, cuestionada, enmendada, añadida o desmentida total o parcialmente. No hay investigaciones perfectas. Y no creo que le conste que el tal Deschner sea un santo o carezca de malas intenciones.
10/Junio/2012 a las 22:25
Sr. Ospina, encuentro en su articulo un afán de hacer daño. Soy católico y me siento aludido. La Iglesia fue instituida por Jesus y ha sobrevivido ataques, criticas y toda clase de actos que ha querido destruirla. Hoy estamos firmes y sólidos en la fe. Respeto su criterio pero sin duda no lo comparto pues luce muy sesgado y poco objetivo.
JAE