La fiscalÃa logró que el procesado reciba dos años de prisión
Una joven con la incapacidad para medir riesgos diferenciar entre lo bueno y lo malo fue explotada sexualmente por tres meses
Los golpes que Jacinto Requema Lázaro le dio la dejaron inconsciente.
Su cuerpo, como un tÃtere desnudo, posaba para la cámara de fotos. El escenario era un cuarto sin ventanas y paredes de adobe en el que una cama y un armario destartalado lo vestÃan.
LucÃa (nombre protegido) despertó varias horas después, al sentir el frÃo en la piel. Se vistió y sobre la cama se quedó meditando en lo que habÃa pasado.
Con esfuerzo recordó a Requema exigiéndole que tuviera relaciones sexuales. Esa noche no supo que las fotos en las que aparecÃa iban a parar en un cabaret de Guayaquil, donde Requema planeaba prostituirla.
Fany Altamirano, fiscal, explicó todo esto al Tribunal Primero de GarantÃas Penales de Pichincha. Dijo que Requema, un albañil de 35 años, explotó sexualmente de LucÃa durante los 69 dÃas que permaneció en su poder.
Con una capacidad intelectual que reduce en un 77% la facultad mental para discernir entre lo bueno y lo malo, LucÃa era fácilmente manipulable.
Una meningitis que tuvo en el primer año de vida le hizo que perdiera la capacidad para medir los riesgos, reconocer las intenciones de los demás y entender la autoridad.
En la infancia, la ausencia de su padre, que migró a España para buscar un mejor futuro, le dejó un vacÃo: "carencia afectiva de la figura paterna", explicó MarÃa Barbarita Miranda, psicóloga clÃnica, durante el juicio.
En parte, esto explica por qué el 30 de marzo de 2011, LucÃa, de 17 años, aprovechara la ausencia de su madre, MarÃa Isabel Castillo, de 37 años, para irse de la casa.
No era la primera vez que lo hacÃa. Siempre que podÃa se iba con sus amigas a beber licor.
Pasaron 11 dÃas de la desaparición cuando LucÃa hizo una llamada a su hermana menor para avisarle que estaba bien y pedirle que no se preocupara. El número quedó registrado en el celular.
La voz de un hombre, al otro lado de la lÃnea, explicó a la madre de la menor que ella era su mujer y que no la iba a dejar ir. La madre intentó llamar de nuevo, pero ya nadie contestó.
Requema frecuentaba la casa de LucÃa, ubicada en el sector de Calderón (norte de Quito).
En la calle, el hombre -18 años mayor- tenÃa un trato amable con la joven, le regalaba cosas y prometÃa que iba a darle una buena vida como su mujer.
Pero en el interior de su casa, ubicada en Pomasqui, en la zona rural de Quito, le obligaba a tener relaciones sexuales e incluso una vez la amenazó con un cuchillo y la violó, contó LucÃa a la fiscal.
Para la joven, el cariño que recibÃa de Requema era una sensación fuerte que su mente, acostumbrada a olvidar todo, retenÃa de forma obstinada.
Para marzo de 2011, LucÃa ya se habÃa escapado de casa decenas de veces. En una de esas ocasiones, aprovechó que su madre salió a trabajar y el descuido de su abuela para desaparecer. Se llevó toda su ropa.
Muchas veces, la madre de la menor la encontró inconsciente por el licor que le gustaba consumir con cualquier persona de la calle. Ella no diferenciaba nada.
Con 17 años, LucÃa habÃa ingresado un par de veces a centros de rehabilitación para alcohólicos. Pero no terminaba el tratamiento porque se escapaba para buscar a Requema.
El hombre insistÃa en visitarla en las clÃnicas de reposo, contó al tribunal la madre de LucÃa.
En abril, la mujer se contactó de nuevo con el hombre. Esta vez, él accedió a mostrarle dónde vivÃa. Una casa de adobe, dos cuartos casi sin muebles que parecÃan deshabitados.
Ese dÃa, la madre se llevó a LucÃa. En la casa, la joven contó que Requema le hacÃa vender droga en un colegio ubicado en la avenida Manuel Córdova Galarza, en el norte de la ciudad.
Castillo, la madre, presentó la denuncia a la PolicÃa, que inició una investigación por un supuesto tráfico de drogas.
A uno de los agente que investigó le llamó la atención que entre las 19:30 y las 21:00 llegaban personas con actitudes sospechosas a la casa de Requema: eran estudiantes del colegio nocturno Pomasqui a comprar marihuana, aseguró el policÃa a los jueces.
Los vecinos del hombre manifestaron a varios agentes que en esa casa habÃa personas que no trabajaban; que entraban y salÃan extraños y que escucharon que vendÃan drogas.
El 3 de junio de 2011, la PolicÃa hizo el allanamiento. En un cuarto encontró a la menor semidesnuda y acompañada de tres hombres, entre ellos Requema, con drogas en los bolsillos.
En el juicio, el procesado negó todas las acusaciones. Aseguró que ese dÃa habÃan estado tomando y que los dos amigos no habÃan tocado a la adolescente.
Los jueces del tribunal penal desecharon su defensa y en junio pasado lo declararon culpable de explotación sexual de una menor discapacitada. Le impusieron dos años de prisión.
LucÃa declaró que otra menor de edad estaba en la casa. Un vestido de novia que se encontró en el armario habÃa sido utilizado por la misteriosa joven y con este la fotografiaron. La PolicÃa investiga su paradero, mientras LucÃa recibe terapia psicológica y se recupera de su alcoholismo. (SO)
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30/Septiembre/2012 a las 09:27
Es una de las historias mas tristes y asquerosas que me ha tocado leer. PENA DE DOS AÑOS? esto es ridÃculo, si voy a mas de 50km/hora preso, si no afilio a mis empleados, preso. Si someto a un discapacitado en esclavitud sexual, dos años.....
30/Septiembre/2012 a las 12:03
Que pena, igualito al papi del funcionario de Alianza PaÃs, solo que sin culpa y sin sentencia.
30/Septiembre/2012 a las 13:29
Parece irrisoria la pena impuesta a este explotador sexual. Es el reflejo inequivoco de lo poco que importan los crimenes cometidos contra las mujeres en nuestro pais.
30/Septiembre/2012 a las 18:36
La justicia ya es de los delincuentes que hacen de las suyas y se encubren todos estos actos que repudiamos todos los ecuatorianos con iras e impotencia por habernos equivocados al haber elegido mal a este gobernante culpable de todas estas acciones de violencia gracias a los mediocres de su revolución de ap.