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Comunidad y personalismos

Publicado el 07/Marzo/2009 | 00:10

Por Lus Alberto Luna Tobar


analisis@hoy.com.ec

Tienen todas las diversas generaciones humanas formas típicas de pensamiento y expresiones características de voluntad social.

Desde los pensamientos más individualistas se originan frecuentemente las tesis sociales y políticas menos comunitarias y hasta lo más individualistas y personalistas.

Por eso, con general frecuencia, nos enfrentamos las comunidades más integradas con las más sujetas al personalismo de los líderes ocasionales o de los fieles y perseverantes animadores de grupos y agitadores de masas informes o pobladas violentas y hasta agresivas.

Con pasión comunitaria son muchos los seres más generosos y comprometidos con el bien común que las dirigen y mantienen en íntimos asesoramientos y dominio.

Este dominio, del cual no se rinde cuenta el que lo padece o al menos claramente se percibe tan solo en el fondo "tímido" de las conciencias religiosas, en las que no deja de actuar nunca la Providencia inspiradora del bien común y defensora fiel del derecho individual.

Suele afirmarse que, hasta en el fondo de la conciencia de muchos animadores comunitarios, se siente la presencia frecuente y obnubilante de "otro" pensamiento y una diversa forma de conducta, que los preconizados como los más sociales e integradores, por los líderes originales o por los agitadores "profesionales, aquellos que tan solo saben" gritar y amenazar …

Estas dolorosas realidades, de las que se tienen prueba constante en todo tiempo de agitación social y conmoción piadosa o creyente, crea en los que examinan con naturalidad los episodios sociales de todo día, una natural reacción moral rigurosa, en defensa de aquello que debería llamarse "proceso de higienización" de cuanto constituye el fondo social o la base natural del llamado "bien común".

El término "higienización" de la moral personal y de la pública es un recurso oratorio impresionante, cuando se lo alimenta de apasionamientos sentimentales y de primitivismos derivados de esa misma sentimentalidad.

Pero es una obligación personal y comunitaria que impone constante purificación de lo íntimo y firme actitud de defensa del patrimonio de lo puro heredable.

Y llega a toda mente y conciencia, personal y social, individual y comunitaria, una demanda íntima, que puede convertirse hasta en una obsesiva pasión de claridad: esclarecer la nitidez de conciencia con la que nos comprometemos vivir y demostrar nuestra pasión defensora de la moral privada, de la ética política constante y de la misión comprometida con la comunidad, que nos pide guía y luz permanentes.

Esta escuela de bien común y de rectitud individual y personal, social y comunitaria debe ser el punto de partida de una nueva política, de la que esperamos todo bien común y toda integridad personal.

Hora GMT: 07/Marzo/2009 - 05:10

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