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Publicado el 01/Agosto/2009 | 00:11

La Cueva es un restaurante ubicado nueve metros bajo tierra en el valle de Tumbaco, donde la comida se sirve en un sitio donde no entra ni un solo rayo de luz

Nueve metros bajo tierra, completamente a oscuras, está La Cueva, un restaurante ubicado en el valle de Tumbaco y que tiene dos particularidades. La primera es que quienes sirven la comida son personas no videntes y, la segunda, que los comensales deberán alimentarse a oscuras, sin ver su comida, el lugar en el que están o a la persona en la mesa de al lado.

"La idea surgió hace 10 años, en Zurich, Suiza cuando dos chicos ciegos querían ponernos a los videntes en sus pies", cuenta Rafael Wild, propietario del restaurante La Casa de Rafa, establecimiento que funciona sobre La Cueva, también de su propiedad.

Él explica que decidió emplear esta idea -que ya es una tendencia en Europa- en una cueva que empezó a cavar hace seis años, en la que de niño fue su casa.

"Yo trabajaba en Suiza y cuando venía de vacaciones todos los años me dedicaba a cavar", dice. El resultado es una bóveda de 10x5 metros, en forma de huevo, donde todos los sábados y domingos se puede recibir hasta 20 comensales.

Eso sí, asegura que no ha sido fácil pues hay que exigir que se cumplan algunas reglas. "Hay gente que conoce de la tendencia y quiere comer sin ver, pero no se imaginan hacerlo en una cueva, otros, en cambio, quieren comer en una cueva, pero con luz. Aquí les ofrecemos la experiencia de comer sin luz y en una cueva", dice.

Esto, además de convertirse en un buen ejemplo para conocer las dificultades que enfrenta un no vidente, ha servido para que la comida sea un momento donde se multipliquen los demás sentidos.

"Los videntes tenemos atrofiados los sentidos de gusto, el olfato y la audición", cuenta Rafa a la vez que señala que justamente estos elementos juegan un papel importantísimo dentro de La Cueva.

Sofi Ayoví es una de las meseras que atiende en el lugar junto a Wilmer. Ambos son no videntes y guían a los comensales por los pasillos oscuros hacia el ingreso a La Cueva y durante todo el tiempo que allí permanezcan.

Ella explica que debieron realizar varios simulacros para perfeccionar el sistema, pero que eventualmente lo dominaron. "Eso sí, teníamos un poco de "foca", por regar el café o algo", cuenta Sofi.

Cuenta, además, que para no confundirse, las tazas son distintas para cada tipo de café, al igual que los platos que pueden ser cuadrados para los camarones pero ovalados para la trucha.

Sofi es no vidente de nacimiento y estudió lingüística en la Universidad Católica.

Explica que dentro de La Cueva, se viven cosas muy gratificantes. "La gente se arriesga e intenta comer con cubiertos, otros desisten y comen con la mano". Y no faltan las anécdotas pues "a veces le ponen sal al vino o salen a la luz y se dan cuenta que se regaron la salsa", dice.

reglas a seguir. Debido a que la completa oscuridad es el único y más importante requisito dentro de La Cueva, antes de ingresar, los clientes son despojados de todas sus pertenencias, desde sus relojes, las llaves del auto, sus lentes, carteras y el celular.

Además, hay que sentarse con las piernas debajo de la mesa y los brazos no pueden sobresalir de la mesa. Esto, para garantizar que nadie se tropiece y caiga. (AIV)

La comida que se sirve sólo es orgánica


Detrás de La Cueva y de La Casa de Rafa, los dos restaurantes de Wild, hay una filosofía de vida que tiene que ver con una decisión de vivir mejor.

"No es solo cuestión de cambiar la comida para que las cosas que comamos nos hagan bien, sino de cambiar de actitud para las cosas que nos llegan nos hagan bien", dice.
Por ello, el equipo de trabajo en los restaurantes procura que todos los alimentos sean lo más naturales posibles.

"Compramos nuestras legumbres y frutas de un huerto orgánico y en nuestros platos no hay ningún condimento artificial, sino que tratamos que los sabores sean naturales".
Incluso, tienen un canje con una finca de frutas en Mindo para que les provean con materia prima que sea lo más fresca y pura posible.

COMO LLEGAR:

Para llegar al restaurante se debe tomar la vía a Tumbaco. Una vez que se llega a la gasolinera El Dorado (Repsol), que está a la izquierda, se debe curvar por la primera cuadra a la derecha. Allí hay un letrero del colegio Pachamama (en amarillo y azul). Seguir las señales del colegio pues el restaurante se encuentra junto al él. A mano izquierda encontrará el lugar.

Los datos

La temperatura en los túneles es de 13 grados centígrados, pero dentro de La Cueva se instaló un sistema de calefacción.

Rafael se encargó de instalarlo y se basa en un sistema que calienta el piso a través de agua que se calienta con calefón.

En los túneles hay dos salidas de emergencia en caso de existir cualquier imprevisto.
Dentro de La Cueva, la estructura se sostiene con vigas de acero para la protección de los clientes.

La comida se traslada desde la cocina de arriba hacia La Cueva, a través de un ascensor que sube y baja nueve metros.

Funciona en base a reservas, pues solo cuenta con 20 puestos. Solo abren sábados y domingos.

Para hacerlo debe llamar a los teléfonos: 2 373 797 o acceder a mayor información en su página web: www.lacasaderafa.ec
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