Si más personas compran alimentos el resultado es que su precio aumenta. Pese a la aparente simpleza de esta ecuación, detrás de ella actúan varios fenómenos. China, biocombustibles, petróleo y especulación son palabras recurrentes en este tema, en las que confluyen fuerzas que se entremezclan para elaborar el presente escenario. El ingreso del mundo aumenta, y con él, el consumo de alimentos y energía, esta es la explicación básica detrás del incremento del precio de los alimentos. El pujante crecimiento de economías emergentes cambió los hábitos de consumo de gran parte de su población.
La restricción a las exportaciones o la imposición de precios techo no reducirán el precio de los alimentos.
Aunque estas medidas ayuden momentáneamente en el abastecimiento de mercados locales, no son una solución y crean distorsiones como mercados negros o corrupción.
La mejor respuesta al problema es producir más. En parte este objetivo se empieza a lograr porque un precio alto atrae productores. Sin embargo, la transición no es automática, tanto organizaciones internacionales como gobiernos pueden ayudar. Otras soluciones propuestas rebasan la dinámica económica y alcanzan a la esfera política. El debate ha sugerido un embargo temporal a los biocombustibles y destrabar las negociaciones de acceso a mercados de productos agrícolas. Incrementar la producción y abrir mercados son decisiones de mediano plazo que pueden estabilizar los precios. Sin embargo, queda abierta la interrogante de cómo deberá actuar el conjunto de países para atacar un problema mundial que compromete la vida de millones de personas.
Hora GMT: 14/Mayo/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Eduardo Cadena Dongilio. Centro de Estudios y Análisis
