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Coma hepático

Publicado el 10/Octubre/2008 | 00:05

Por Marco Lara Guzmán

De hecho, nada conozco del coma hepático. Apenas que es un cuadro clínico muy grave cuya presencia lleva al paciente a la inconciencia, tras una severa revirada de hígado, y que llega hasta punto muy próximo al salto hacia mejor vida. Ignoro cómo se cura, pero, en cambio, tengo una fórmula infalible para adquirirlo. Dedique usted una dos horitas para llamar a los teléfonos de información de Andinatel y combine tal esfuerzo con llamadas al IESS.

Vamos por el principio. La semana anterior, me propuse solicitar al señor economista Ramiro González, máxima autoridad del IESS, que se digne concederme una entrevista para mi programa radial, con el objetivo de conocer los mecanismos, detalles y previsiones que hay que adoptar para llevar a los ecuatorianos hasta el famoso aseguramiento universal prometido por la Constitución aprobada en el reciente referendo.

A conseguir, pues, el número de su ilustre oficina. Primero, como lo haría cualquier hijo de vecino, a consultar, lupa en mano, la guía telefónica, libraco de gran volumen hecho, sin embargo, con letras "chimilingas". Los números de ese altísimo despacho no respondieron ni por oro. Primer ataque al hígado.

Entonces, se volvió sabio y aconsejado llamar al número 100, correspondiente a la sección de información de Andinatel para ver si ahí sabían algo del tesoro de Atahualpa. Pero fue infructuoso, porque primero hay que soportar hasta el supremo aburrimiento una grabación, muy parecida a catarnica de campaña electoral, en la que se habla de la incomparable alegría que tienen los "andinateles" cuando reciben llamadas de los usuarios, junto con una bienvenida al sistema, más una exposición de los servicios que otorga esa dependencia y las consabidas instrucciones para que pulsemos ni sé cuántos números o botones, todo para que nos diga, la misma grabación, que llamemos más tarde porque los empleados están demasiado ocupados o congestionados, que, desde luego, no es lo mismo. ¿Y la información buscada? Segunda patada al hígado.

Pero, como dicen que la paciencia logra que lo que la suerte no alcanza, después de más intentos, por fin me fue dado oír la argentina voz de una operadora, quien me dio como número de la Dirección General el correspondiente a la troncal, es decir, el primero que encontró en su pantalla. Le pedí el número preciso, pero era pedir demasiado. La señorita me lanzó dos números más que resultaron ser, nada menos que de un fax y de las bodegas del Seguro Campesino, lugar en el que, sin duda, no atiende el señor economista González. Tercera agresión al hígado.

Recurrí, cerca del coma, al IESS y a la terrible odisea de conseguir respuesta en los números troncales, vano intento por lograr esos cinco centavitos de felicidad. Nada, nadita de nada.

Marqué finalmente, al acaso, como ruleta rusa, los números del edificio Zarzuela, do queda la reverendísima oficina. La esquiva suerte condujo la llamada a la oficina de un vocal del Consejo Superior. Ahí la respuesta fue alucinante: "¡No hay nadie!". Es decir, quien contestó no era empleado del IESS, sino un comedido visitante. Y digo yo, ¿así es como se van a derramar ríos de leche y miel sobre el país?

mvlaraguzman@hoy.com.ec

Hora GMT: 10/Octubre/2008 - 05:05

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Comentarios

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  1. 1 Eduardo Jiménez E. desde - Quito

    Demostrado queda mediante este artículo que la inteligencia es un don que combinado con buen humor pueden ayudarnos a sobrepasar las horas negras que nos estan tocando. Es una descripción magistralmente humoristica de la ineficiencia estatal. Muy bien don Marco Lara.

  2. 1 Fabian desde - Stamford

    Me gusto mucho su articulo.
    Estas cosas hay que empezar a cambiar ahora. Imaginese las penurias que pasaria un ciudadano comun y corriente en estas oficinas del Iess.
    Le cuento una, hace algun tiempo requeri ayuda medica en el Iess, y por suerte ,depues de madrugar consegui un turnito para un Doctor.
    Espere 3 horas hasta que llegue el Dr. porsupuesto atrasado y malhumorado. Cuando por fin me toco mi turno, me pidio mis datos y mis dolencias, y al ver mi triste cedula de identidad me dijo; NO LE PUEDO ATENDER SI NO ME TRAE LA CEDULA ACTUALIZADA.

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