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Codazos

Publicado el 01/Julio/2008 | 00:00

"Cuando los políticos ofrecen la felicidad, comienza el desastre" (T. Todorov). El problema se agrava porque no son pocos, sino todos los políticos los que ofrecen felicidad y días mejores, para luego afirmar que la patria ya es de todos.

Con la experiencia de siglos de historia, esa felicidad como meta, ese buen vivir constitucional, será inalcanzable. No debido a los políticos, sino por razones filosóficas.
Los políticos tienen anteojeras pues ven solo lo que les conviene a ellos, a sus grupos, a sus cantones, a sus empresas, a sus intereses. Por eso, la felicidad no llegará del lado de los políticos. ¿De dónde vendrá la felicidad con el buen vivir? Ese es el secreto de los pocos sabios que en el mundo han sido, es el de quienes no creen que la felicidad dependa del dinero, del poder, o del incienso a la vanidad. La felicidad vendrá un día, sin pensarlo, cuando vea una mariposa posarse en el cáliz de una flor, o cuando al mirar una nube descubra en ella el rostro de un ángel. (perdón por la poesía...).

Ahora estamos mirando, en ese infiernillo de la Asamblea, semejante a otros congresos que padecimos, cómo el templo de Alfaro se convierte en un tinglado de mal gusto con alaridos, gritos, leyendas soeces y actitudes denigrantes.

Pasarse un hilo por los labios parece que es ya una costumbre que algunos actores-asambleístas creen que es algo genial. Eso es una burda comedia para la chusma. Por otros caminos también se llega al mal gusto. Me refiero a la comedia de hacer que el presidente en Esmeraldas se luzca destruyendo una cárcel de castigo.

Esta mazmorra había sido destruida antes del viaje presidencial, pero volvieron a levantarla para que el jefe tenga el placer de derrumbarla, anunciando que su gobierno rechaza procedimientos inhumanos. "Impacto publicitario" lo llaman los entendidos.

Es que en el gobierno hay nerviosidad porque la marcha del No está corriendo alegremente. Las encuestadoras dicen Sí. Hija, ¡qué nervios!

En el punto que estamos con la vecina Colombia, a Correa no le queda otro camino que iniciar la guerra. Hasta mister Carter está botando la toalla en la empresa de conseguir que los dos chicos enojados fumen la pipa de la paz.

Los dos deben coserse la boca cuando hablen de este tema, porque el momento que lo hacen, las respectivas cancillerías bordean el infarto.

Otra alternativa puede ser que el jefe le ignore a Uribe un tiempo largo, que no le oiga, ni le vea, hasta casi olvidarlo. Lo mismo podría hacer Uribe respecto a Correa. Con esta receta volvería la paz a los corazones ecuatorianos y colombianos.

Hora GMT: 01/Julio/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Claudio Mena Villamar

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