"Con la iglesia nos topamos, Sancho", le dijo a su escudero don Quijote y ahora Correa podría decirle lo mismo al Betí Acosta si ya hubieran olvidado aquello del paso a un lado. La topada ha sido con los monseñores que salieron al ruedo para decir que la Constitución ataca la vida, a pesar del "buen vivir" (que anda escrito por todos lados) y por el texto que dice clarito que se respeta la vida desde la concepción, a más de todas las normas que protegen a la madre embarazada.
Sin embargo, se ha dicho que es verdad que el proyecto es abortista, porque "deja la puerta abierta en leyes secundarias". En otras palabras, sería lo mismo decir que se respeta la propiedad privada, una norma horrorosa, porque deja la puerta abierta para el robo en leyes secundarias. ¡Una maravilla de interpretación!
Otra cosa que ha disgustado y ha dado dolor de cilicio a nuestros jerarcas religiosos es la afirmación del derecho de las personas "a tomar decisiones libres, responsables e informadas sobre su salud y vida reproductiva y a decidir cuándo y cuántos hijos tener" (texto del proyecto).
Dicen que eso es otra monstruosidad porque "una vez concebido, puede no tenerlo". Esta aseveración destruye la lógica, porque la decisión de tener o no tener hijos se la hace antes de la concepción. Parece que los monseñores han querido ver en estos artículos, los cuatro pies al gato. Otro error de ellos es decir que estos temas "no son negociables". No existe ningún negocio entre el Estado y la Santa Madre Iglesia, salvo el modus vivendi, que es un pacto de mutuo respeto. El Estado es laico y punto.
Algunos sectores indígenas también se han rasgado los ponchos porque el quichua se consiguió finalmente que sea junto al shuar un idioma oficial (que eso es bastante) pero en las relaciones interculturales. Eso está bien en aras de un acuerdo.
El quichua en nuestro país es una lengua de una minoría bien determinada. No es lo mismo, por ejemplo, que el catalán en la madre España que se habla en forma masiva en Cataluña y es reconocido igual que el castellano. ¿Se imaginan lo que significaría para nuestro Estado que todos los documentos oficiales se publiquen en castellano y en quichua solo para una minoría que lo lee? El quichua es hablado pero no leído en esos sectores. Además, todos los rótulos, avisos y mensajes que colocan las autoridades deberían estar en quichua, shuar y castellano. Eso no ocurriría ni en la Torre de Babel.
El proyecto de constitución declara que estos dos idiomas serán usados para la comunicación intercultural. Con este fin, para ellos se ha creado el sistema de educación bilingüe. El jefe tuvo que aprenderlo cuando estuvo en acción por nuestros páramos.
Hora GMT: 05/Agosto/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Claudio Mena Villamar
