Diego Araujo Sánchez
daraujo@hoy.com.ec
A diferencia del informe ante la Asamblea del año pasado, en el que el presidente de la República dedicó buena parte de su tiempo a atacar a los medios de comunicación, el mandatario destinó solo una frase marginal contra la prensa en la primera parte de su último informe. Y cuando retomó la palabra, en el tramo final, no dejó de endilgar a la prensa “mediocre y corrupta” la acusación de mentir a propósito de los datos divulgados por el Consejo Nacional Electoral (CNE) tras la revisión manual de una muestra de las firmas de partidos y movimientos políticos. Pero, finalmente, dirigió las municiones contra el CNE, cuyo presidente, Domingo Paredes, siguió con cara de “esto no es conmigo” la reprimenda presidencial. Pese a que el mandatario cargó la responsabilidad de la adulteración de firmas a las organizaciones políticas, excepto, cómo no, a la suya, y liberó de culpa al CNE, lanzó una dura reprimenda al organismo electoral: no solo reclamó a sus integrantes porque “debieron ser más cuidadosos”, sino que sugirió que podría enjuiciarlos por el daño moral que con esa información han causado a AP. Grave amenaza bajo los estándares de procesos e indemnizaciones que se manejan en la justicia de Chucky Seven. Galo Mora, más correísta que Correa, volvió a la carga oficial contra la prensa: el daño moral no provenía del CNE, la fuente de la información, sino de la prensa, que desinformó. Viva la lógica. Decapiten al mensajero.
¿Cuál la causa del jalón de orejas a Paredes? Proporcionar a la Asamblea las cifras en el proceso parcial de revisión de las firmas: en el examen del 10% de ellas, Alianza País tuvo 17,6% de rúbricas no válidas y 49,8% válidas. Menos firmas no válidas que AP registraron Sociedad Patriótica (5,4%), Creo (12,1%) y Ruptura (15,1%). Al movimiento gubernamental no le convenía la información del CNE. El presidente había asegurado antes que los problemas de las firmas en AP caían dentro de los márgenes de error. En el caso de los otros, había fraude. Las cifras revelaron una realidad diferente.
El mandatario reprochó al organismo electoral no haber diferenciado votos válidos de votos “validados”. Pero validar es, según el DRAE, “dar fuerza o firmeza a algo, hacerlo válido”. La información que recogió la prensa señaló, como explicó el CNE, que los porcentajes correspondían al 10% de las firmas revisadas de forma manual.
¿Debía quedar sin difusión esa información? El problema es que el Gobierno confunde información con propaganda. Pero una noticia suele contener una información que alguien quiere que no se conozca. Esta es una de las fuentes de los conflictos entre la prensa independiente y el poder.
El escándalo parece haber puesto en pie de guerra al Gobierno. Tanto, que el presidente anticipó en su informe que, para exigir la revisión del ciento por ciento de las firmas, estaba dispuesto a pedir una licencia con el fin de “ser el primer ciudadano en estar en las calles para que se sancione la corrupción y dirigir la protesta ciudadana ante este nuevo abuso de la partidocracia moribunda”. Sin embargo, cuanto más adulteraciones se detecten, más se evidenciará que ninguno de los partidos y movimientos está libre de culpa y que entrarán a un intrincado sal si puedes, con el sistema electoral y el CNE con la credibilidad por los suelos.
Autor: Diego Araujo - daraujo@hoy.com.ec Ciudad Quito







13/Agosto/2012 a las 15:13
Pais-mito de formas, donde pesan los acuerdos bajo la mesa, se hacen leyes con dedicatoria e interpretan al antojo de poderes "facticos"; se dice laico, y meten las manos todas las iglesias; se dice gobierno civil(e instituciones idem) y se otorgan prebendas, fueros, y negocios a las "fuerzas del orden"; se dice libre empresa, y monopolios extranjeros y nacionales enjuician al emprendedor; se dice "democratico", y se OBLIGA a votar para legitimar a estafadores, unicos que pueden ser electos.