Por Federico María Sanfelíu
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El pasado viernes celebró sus primeros 45 años la institución jesuita "Centro del Muchacho Trabajador, una familia de familias", (CMT.). Se trata de una de las más innovadoras obras educativas sociales que se han iniciado precisamente en Quito. Su fundador y creador es el P. John Halligan, un jesuita nacido en Nueva York que descubrió a poco de su llegada al Ecuador la existencia de los niños lustrabotas que comenzaban a surgir en la ciudad. Esos niños en edad escolar, emergían de la pobreza de sus familias y contribuían con su elemental trabajo a una dura supervivencia. La escolarización, el cuidado de la salud y el futuro no contaban para ellos. Sobrevivir día a día en un medio indiferente y a veces violento, era su único horizonte.
John se enfrentó con imaginación y realismo esa realidad con un planteamiento radical: hay que atacar la pobreza que es la que los condena a ese trabajo. Han de redimirse con una formación integral, como personas con dignidad y trabajadores preparados técnicamente para salir por su propio esfuerzo de la pobreza. Y para tener éxito, ha de hacerse en un medio familiar que no sea indiferente o adverso. Es necesario incluir a la familia, hacerla educadora para que los muchachos crezcan en un entorno acogedor y humano. Ahí nació una pedagogía que añadía a la naciente institución, "Centro del Muchacho Trabajador", el aditivo necesario: "una familia de familias". La historia comienza en el antiguo Colegio San Gabriel, luego Gonzaga, hasta construirse el primer Centro en la Marín. Se multiplican aulas, talleres, comedores los muchachos crecen en la disciplina del trabajo, el valor del ahorro, el cuidado de sí mismos, la adquisición de valores, la propia familia que va adquiriendo en el CMT objetivos y metas. John ha creado un sólido equipo de formadores que sabe dónde va.
Una evaluación externa sobre 25.000 personas que han sido formadas en el CMT ha verificado la eficacia del método. El 75% de ellas han salido de la pobreza y consecuentemente sus componentes viven desde su libertad conquistada.
"Mientras no seamos capaces de eliminar la pobreza es necesario dignificar y calificar el trabajo que aporta a la supervivencia familiar. En este sentido el CMT es un modelo muy interesante que aporta a la dignificación del trabajo infantil combinándolo con el estudio. Esto va contra corriente del propósito de la erradicación del trabajo infantil a secas, es un acto de coraje ir contracorriente en un tema con el que nadie aparentemente, podría estar en desacuerdo, pero que se volvió discurso porque el trabajo infantil es inerradicable mientras no erradiquemos la pobreza que en vez de reducirse se agrada y complejiza" (María Luisa Torres).
Ayer se condecoró al P. John Halligan de la más alta distinción que tiene el Estado a un educador. Era de justicia.
Hora GMT: 28/Septiembre/2009 - 05:04
