Por Fernando Moncayo Castillo
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La tibieza se considera la enfermedad más peligrosa de la vida espiritual. Por supuesto, esta enfermedad se puede dar solamente en personas que han buscado en algún momento, con sinceridad, el crecimiento y la santidad. Se podría definir la tibieza como: "una carencia del fervor en el amor. Al comenzar se amaba, pero ese amor ha decaído".
La tibieza consiste, pues, en un relajamiento espiritual; frena las energías de la voluntad, inspira horror al esfuerzo y retarda pesadamente los movimientos del vivir cotidiano. Se le ha clasificado como una forma de desidia espiritual, de pereza espiritual.
Tibios son los que pierden toda sensibilidad espiritual y adolecen de posibilidades para reaccionar contra el mal o la imperfección, viviendo en ella con la tranquilidad y gusto con que viven los peces en el agua.
La tibieza es un símil de la mediocridad. No ser bueno ni malo, sino tibio, es lo mismo que estar a favor o en contra y aún así callar. El silencio es cómplice y amigo íntimo de la tibieza.
En momentos tan importantes para el Ecuador como los que estamos viviendo en este momento, resulta repugnante ver la enorme cantidad de ciudadanos tibios que circulan por las calles, viviendo el día a día como si nada estuviera pasando. Estamos frente a un momento histórico en donde tenemos que tomar una postura activa, a favor o en contra, de la forma en la que se está guiando a nuestro país. No podemos mantenernos tibios ante una coyuntura tan importante para el futuro de nuestros hijos. ¡Ya basta de ciudadanos tibios!
La tibieza tiene su origen en el desaliento y la relajación de espíritu. De hecho, el miedo puede ser una de sus principales causas debido a que este paraliza al ser humano, tanto física como intelectualmente. Ante un ser percibido como superior, la lucha será siempre la opción de mayor riesgo, mientras que el letargo, la huída, o el proselitismo borreguesco son opciones rápidas, fáciles, y menos riesgosas, todas éstas, ejemplos vivos de la mediocridad y la tibieza ciudadana.
Salir de un estado de tibieza resulta tremendamente difícil. Tan difícil como vencer los miedos y temores internos, tan estremecedor como vencer el pánico escénico o el dolor de un miembro desprendido. Sin embargo, existen dos fuentes espirituales para salir de tan deplorable estado: la fe y el amor. Mientras no podamos volver a tener fe en nuestro país, mientras no podamos volver a amar a nuestra Patria, seguiremos siendo ciudadanos tibios, meros espectadores de cómo se va labrando nuestro futuro, peces muertos llevados por la corriente de un rio que sabe solo Dios donde irá a terminar de botar sus aguas. El Nuevo Testamento se pronuncia con claridad acerca de la mediocridad y tibieza: "Conozco bien tus obras, que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Más por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, estoy para vomitarte de mi boca".
Hay que asumir una postura, a favor o en contra, ambas nos permitirán dejar de ser ciudadanos tibios, y evitar así ser vomitados por nuestra madre Patria que nos vio nacer.
Hora GMT: 27/Diciembre/2009 - 05:11
