Por Francisco Rosales Ramos
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Hace unos años, visitaba Caracas con mucha frecuencia. Al menos una vez por mes, atendía en esa ciudad asuntos profesionales. La vida era razonablemente segura, se podía transitar sin sobresaltos por sus calles, inclusive las de algunos barrios centrales. Había, desde luego, ciertas zonas que recomendaban especial cautela, pero en general era una ciudad que, además de un clima privilegiado, permitía una buena calidad de vida.
Por eso me sorprendió profundamente encontrar en el diario "El País", de España, del martes 6 de octubre, un reportaje con el título "La violencia desangra Caracas", en el que se afirma, "con más de 30 muertos a tiros cada fin de semana, la capital de Venezuela es la ciudad más peligrosa del mundo, después de ciudad Juárez". Esta última es tristemente conocida por los sangrientos enfrentamientos de bandas vinculadas con el narcotráfico. Señala también el reportaje que los chicos más pobres de 16 a 22 años son las víctimas predilectas de la violencia. El año anterior, 2008, Caracas registró más de 1 900 asesinatos por violencia común.
"La morgue del hospital no es más que una habitación con aire acondicionado. Las cámaras refrigeradas están averiadas desde hace más de 20 años. La sala de autopsias no funciona desde hace cinco, y ahora es un depósito de los ataúdes que el Estado dona a los indigentes fallecidos.
Cada cadáver permanece allí al menos 24 horas, o hasta que la única furgoneta que los traslada desde los hospitales hasta la morgue central de la ciudad esté disponible. Luego pasan otras 24 horas en la morgue central, o hasta que uno de los forenses de la Policía que practican hasta 37 autopsias un fin de semana cualquiera certifique la causa del deceso."
Este cuadro dantesco que recoge "El País", el periódico en castellano de más amplia circulación en el mundo, con tendencias políticas claramente favorables al partido socialista español, PSOE, refleja los resultados de los 10 años de gobierno del teniente coronel Hugo Chávez Frías. La contracción económica, pese a los altísimos precios del petróleo, la destrucción del aparato productivo (ahora Venezuela importa el 95% de los alimentos), el despilfarro de los inmensos recursos estatales, la corrupción rampante, la inflación disparada (este año bordeará el 30%), los subsidios indiscriminados (el galón de gasolina cuesta menos de 20 centavos de dólar) y el creciente desempleo, pueden señalarse como las causas principales para el trastorno que sufre ese país y el consecuente crecimiento exponencial del crimen y los hechos de violencia.
Pero Chávez, lejos de reconocer los errores y enmendarlos, persiste en la búsqueda megalómana de un liderazgo continental, en ser el sucesor de Castro (la dictadura más larga en la historia de América Latina), en esa entelequia conocida como Socialismo del Siglo XXI, en generar un clima de confrontación social y en profundizar relaciones con países claramente autoritarios y violentos.
Hora GMT: 26/Octubre/2009 - 05:08

26/Octubre/2009 a las 01:29
Este es el futuro que nos espera con el cachorro de Chavez, mas inseguridad, desempleo y corrupcion. Despierta Ecuador, antes de que nos conviertan en otra Venezuela.
26/Octubre/2009 a las 10:19
Es muy fácil hablar de la situación de una ciudad como Caracas, que es complicada de por sí. Bueno, supongo que muchas urbes de América Latina sufren del problema de la violencia, que anida principalmente en los barrios pobres, pero que se propaga como una onda expansiva por toda una comunidad.
Sin embargo, sería bueno explicar que en Medellín se han registrado 1.097 homicidios en siete meses, lo que significa un aumento de más del 100% comparado con los 1.044 registrados en todo el año 2008, según un reportaje del diario El Colombiano. Y de acuerdo con otra noticia de El Espectador, en Bogotá se han producido 1.047 asesinatos en ocho meses. Habría que puntualizar que Colombia lo gobierna Álvaro Uribe, la antítesis de Hugo Chávez.
De ahí que asegurar tajantemente que la violencia en Caracas es producto de los diez años del gobierno de Chávez es una osadía. Obviamente, no le quito ninguna responsabilidad a Chávez con lo que actualmente sucede en Caracas y en Venezuela. Pero pontificar de manera visceral y aislada –como lo hace Francisco Rosales Ramos- contribuye a desinformar y a banalizar el problema de la violencia que tantos huérfanos está dejando en América Latina.