Alrededor del parque central se ubican 70 locales de venta de joyas
Apenas 40 minutos separan a Cuenca de Chordeleg. Este pequeño cantón ubicado en el este de Azuay, brilla con el esfuerzo de más de 100 artesanos dedicados a la elaboración de joyas hechas en plata y oro.
Son las 11:00 y, hace más de una hora y media, Manuel Quizhpe, taxista cuencano, llevó a tres turistas extranjeros a visitar la ciudad. "Las carreras hasta allá son muy comunes. La gente se queda admirada por las joyas y por su precio". Él relata que desde hace cinco años la actividad turística en este sector tomó aún más fuerza, gracias a que en el cantón vecino de Gualaceo la gente también acogió con simpatía el auge en la venta de calzado. "La gente nos pedía carreras a Gualaceo y a Chordeleg. Las damas son las que muestran mayor interés y se quedan horas viendo las vitrinas y comprando todo lo que pueden".
Según el Departamento de Avalúos y Catastros del Municipio de Chordeleg, existen 70 locales dedicados a la venta de joyería, ubicados en el parque central. Uno de ellos es Joyería Nathaly.
Victoria Cobos, propietaria de este negocio, cuenta que las joyas siempre dieron un empuje comercial a la ciudad. Hace algún tiempo, ella dejó de crear aretes, anillos y collares, pero su esposo, Carlos Sigüenza, tomó el mando del negocio y ahora producen diseños, que se enfocan en guardar la identidad de su lugar natal. "Los diseños más tradicionales no pasan de moda y se siguen vendiendo bien".
Los aretes más comercializados por los artesanos son las candongas. Se trata de aretes grandes con forma redonda en los que se emplea la técnica de filigrana; es decir, se rellenan espacios vacíos con hilos de plata tejidos de diferentes formas. Un trabajo minucioso y de muchos detalles. Este tipo de argollas es utilizado como uno de los accesorios más tradicionales e importantes de las cholas cuencanas. Su costo varía entre $15 y $70, dependiendo de su tamaño, su peso y su elaboración.
Convertido en un símbolo de los artesanos, en el Museo de Chordeleg reposa la candonga más grande del mundo. La réplica de esta joya mide 1,73 metros de largo y un metro de ancho y fue elaborada por cuatro jóvenes artesanos de la localidad: Wilson y Jorge Lituma Peláez, Juan Carlos Jara y Juan Tacuri. Ellos se demoraron cerca de dos meses en la elaboración de la réplica, que fue propuesta por el artesano Eduardo Farfán. Él viajó a Estados Unidos y desde allá impulsó su construcción con el propósito de que la gente relacione la candonga como el accesorio típico de Chordeleg.
La creatividad de las familias que se dedican a este negocio ha ido más allá de lo convencional. Ellas han creado cientos de modelos que han marcado tendencias en joyería, lo que les ha permitido mantenerse en este negocio con mucho éxito. Siempre hay accesorios de moda.
Ángeles, flores, orquídeas, estrellas y corazones son las figuras preferidas de las mujeres de entre 12 y 20 años, según explica Cobo. Este tipo de aretes, en su mayoría, viene acompañado por una fina cadena, una medalla y una pulsera. El costo del conjunto es de $15. Para las mujeres mayores de 20 años, los joyeros exhiben artesanías hechas de plata envejecida. La elaboración de una cadena de este material demora entre una y dos horas, dependiendo el grosor y los detalles.
Bertha Farfán, propietaria de la joyería Dorita, dice que las cadenas requieren pequeñas argollas que son unidas independientemente, una tras otra. Aunque el proceso parece sencillo, la dificultad se encuentra en el uso de pinzas que, en ocasiones, lastiman a los artesanos. "Todo es cuestión de práctica, pero cuando uno recién comienza cortarse es algo común".
La comerciante cuenta que, en estos últimos dos años, la venta de diademas y coronas, se ha vuelto el reto de todo diseñador de joyas en Chordeleg. Este es un proceso más complejo, pues estas llevan adornos de todo tamaño, y los más pequeños necesitan más horas de dedicación. Las novias sobre todo las buscan con piedras preciosas, gemas y diamantes.
Elaborar estas coronas no es tan sencillo. Bertha Farfán lleva años fabricándolas y explica que primero se debe fundir la plata en un crisol, una especie de recipiente de cerámica diseñado especialmente para esta labor. Utilizando un soplete, se prende fuego para diluir el metal de manera artesanal. La plata líquida (molde) es colocada en una rillera que permite la formación de barras que se ponen en un laminador que convierte al metal en finos hilos, estos son entorchados; es decir, son envueltos y nuevamente calentados con soplete. Finalmentem se les pone en vitriol, un ácido empleado para limpiar la joya y evitar que esta se dañe.
Todo este proceso demora una semana y las coronas cuestan $300. (MAN)
El oro aún se mantiene
Pese a que las joyas trabajadas en oro son más costosas, existe un gran mercado para estas piezas en Chordeleg.
Una cadena de oro puede costar desde $50 hasta
$3 000, todo depende del grosor de la pieza, de su peso y de su largo. En cuestión de aretes, el precio varía entre $15, los más pequeños, hasta $100 y $120 los más grandes.
Sin embargo, hay alternativas más económicas. Entre ellas las que mezclan el oro con otro tipo de metal, estas combinaciones, en aretes y cadenas van desde los $12 hasta $70.
Las cadenas, aretes y pulseras hechos de oro se compran como regalos para: bautizos, bodas, 15 años y graduaciones. Victoria Cobo, propietaria de una joyería, explicó que incluso se pueden hacer pedidos según las exigencias del cliente.
Broches y más adornos
En Chordeleg, la plata es empleada en la elaboración no solo de joyas, sino además de broches y adornos para el hogar.
Bertha Farfán, propietaria de la joyería Dorita, explica que la tendencia de los broches fue uno de los impactos más importantes de este año.
Los broches son sujetadores de chalinas, vestimenta típica de Sierra. Estos accesorios son elaborados en un tiempo aproximado de dos horas y llevan además piedras preciosas como zafiros, perlas, entre otros.
El costo de un broche dependerá de su peso y del material.
Los adornos como tazas hechas de plata también son tendencia.







