Por Andrés Cárdenas Matute*
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Este domingo, después de casi medio siglo, es muy probable que en Chile salga electo un presidente de derecha por la vía democrática. El último candidato propio de este sector político que se hizo con el poder fue Jorge Alessandri, quien estuvo en La Moneda de 1958 a 1964. Después, vino Eduardo Frei Montalva, tal vez el único candidato "de centro", de la Democracia Cristiana (1964-1970). Lo sucedió Salvador Allende (1970-1973), quien fracasó con su vía democrática hacia el marxismo dejando un país en quiebra, situación que dio paso a la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1988). Desde 1989, se han sucedido Gobiernos de la Concertación: Alwin, Frei, Lagos y Bachelet...
Aunque es lejana la posibilidad de Sebastián Piñera de ganar en primera vuelta, el 53% de chilenos piensa que el empresario es su futuro presidente. Las predicciones sobre la primera contienda adjudican 36% a Piñera, 26% a Frei y 19% a Marco Enríquez-Ominami. Los escenarios de la segunda vuelta arrojan datos más interesantes: el resultado de un enfrentamiento entre Piñera y Frei sería 43 a 37, mientras que entre Piñera y ME-O sería por 40 a 37. Este último ha registrado un ascenso en su popularidad muy acelerado los últimos meses, por lo que está apelando a captar el "voto útil" izquierdista. Gane quien gane, lo más grave de estas elecciones chilenas es que, increíblemente, todos entronizan al Estado. Ni siquiera el empresario Piñera, que tanto se ha servido del mercado -muchas de las veces de maneras poco honestas- se da el trabajo de defender sus bondades. Parece que todos se quieren tapar los ojos ante las reformas económicas que hicieron que Chile crezca a un 7% anual.
Reformas que apuntaron a reducir drásticamente el gasto público, privatizar muchos sectores de la economía, abrir sus mercados al mundo y dar libertad de emprendimiento e innovación. A que sea el individuo, con responsabilidad y creatividad, el eje del desarrollo y del progreso. El Estado, que era el enemigo a vencer, ahora es robustecido, tanto en la práctica como en el discurso políticamente correcto. Y lo más peligroso es, como señala el analista chileno Áxel Káiser, el poder de las ideas cómo ese discurso pro Estado va calando y convenciendo a la gente, dando sus frutos de estancamiento y pobreza en el mediano y el largo plazos. ¿Tendremos un Chile estancado en las próximas décadas? Puede ser. Mucho de lo que ha hecho la Concertación ha apuntado hacia allá.Por eso, y también por temas morales, gran parte de los votantes de quien encabeza las encuestas lo hacen motivados por el "mal menor". Por suerte, yo no voto.
*Estudiante universitario
Hora GMT: 13/Diciembre/2009 - 05:04
