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Catastrofismos

Publicado el 13/Diciembre/2009 | 00:10

Por Jaime Acosta Espinosa


jjacosta@hoy.com.ec

Al público le llegan mensajes de alarma que copan los titulares de la prensa, de si no se toman medidas drásticas para evitar el calentamiento de la Tierra. Miles de políticos, científicos, economistas y activistas han discutido en Copenhague las medidas contra este fenómeno. Se dice, en todos los tonos, que este posible Apocalipsis es la factura que paga a la naturaleza el orgullo del hombre por las millones de toneladas de dióxido de carbono que se arrojan en la atmósfera. Películas y novelas truculentas no hacen sino atizar el debate.

Sin duda, trabajos de científicos razonables avalan el convencimiento de que la actividad humana contribuye al calentamiento del planeta. La profanación continua de la naturaleza acabará provocando la desaparición de la vida. Algunas regiones se convertirán en desiertos y otras perecerán bajo las aguas, dice la prédica ecologista, en la cual, como en todo pensamiento humano, no faltan los fundamentalismos.

Antes del nacimiento de la geología moderna en el siglo XIX, muchos pensaban que la Tierra se formó a través de catástrofes. La idea era que hechos extraordinarios, como erupciones volcánicas desmesuradas, inundaciones o vientos impetuosos, construyeron nuestro planeta. Esta teoría, hoy desacreditada, se conoce con el nombre de catastrofismo

Una explicación similar domina ahora: la política ecológica que dice que las catástrofes destrozan el mundo. Este punto de vista, dicen otros expertos, es tan erróneo como el primero y fomenta la decadencia del planeta, aunque trate de evitarla. Las advertencias exageradas se explican porque parecen ser el único camino para mantener a la gente despierta. La mayoría de los desastres que sufre la Tierra se deben a pequeños acontecimientos, en los que todos participamos a lo mejor inconscientemente, tales como el modo de regar el césped, los derrames de aceite, las montañas de residuos, el desaseo constante en todas partes. No son acciones que permanecen impunes y desapercibidas. Sin caer en el catastrofismo mencionado, no se puede negar que el abuso de la naturaleza y de sus maravillosos recursos trae consecuencias grandes y pequeñas. No culpemos solo a los daños por la extracción de recursos naturales o la contaminación industrial. ¡Cómo pecamos todos contra la Madre Naturaleza!

Pero la misma investigación confirma que las predicciones más catastróficas no siempre se cumplen. La temperatura de la Tierra, por ejemplo, ha dejado de subir y ha permanecido estable durante décadas. Desde 1999, la temperatura media mundial ha subido un casi imperceptible 0,006 grados.

El peligro es que "el afán de catequizar predomine sobre la objetividad en el debate científico", escribe Tony Brenton, diplomático británico retirado, quien se ocupa del cambio climático. "Los informes del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático parecen más ejercicios de persuasión que sobrios análisis científicos. Esto ha socavado la credibilidad de sus previsiones y contribuido al crecimiento del 'agnosticismo climático'".

Hora GMT: 13/Diciembre/2009 - 05:10

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