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Casa del Alabado

Publicado el 28/Mayo/2010 | 00:05

Por: Rodrigo Villacís Molina
villacis@hoy.com.ec

No son pocos los museos que alberga en su centro histórico la ciudad de Quito, y todos ofrecen al visitante singulares atractivos, en orden a las artes plásticas, al arte religioso, a la numismática, a los antiguos modos de vida, a la arqueología. Precisamente, en esta área, de los vestigios dejados por nuestros ancestros, acaba de inaugurarse uno muy importante, ubicado a una cuadra hacia el sur del convento de San Francisco, barrio San Roque: la Casa del Alabado, denominado así porque, sobre la pétrea entrada del antiguo caserón de dos plantas en el que se lo ha instalado, sus primitivos propietarios hicieron grabar esta invocación: "Alabado sea el Santísimo Sacramento".

Primero, hay que elogiar el rescate de esa antigua construcción -siglo XVII-, que desde hace quién sabe cuándo debe haber estado convertida en conventillo, como ocurrió con todo ese sector, habitado antes por familias de apellidos con campanilla, y tugurizado después, cuando aquellas familias emigraron al norte de la urbe. Todas las piezas arqueológicas (alrededor de 500, que se exhiben con un criterio temático en 14 salas) de las diferentes culturas que en el pasado remoto habitaron el territorio que hoy es el Ecuador han sido sabiamente seleccionadas. De hecho, hay algunas realmente extraordinarias por su factura y su significado en términos de la cosmovisión de los pueblos que las produjeron. Además, revelan en conjunto un prolongado y cuidadoso proceso de recolección, cuyo resultado es un asombroso muestrario que se expone en el contexto de una adecuada museografía. Como es apenas obvio tratándose de un museo como éste, que dispone también de un espacio para exposiciones temporales, el visitante cuenta con ayudas técnicas modernas (audioguías en diferentes idiomas, programas multimedia, salas interactivas). A esto, hay que añadir una tienda de libros, catálogos, etc., para responder a la demanda de un turismo exigente, y, además, una barra de café para los adictos que, sin un expreso, no saldrían satisfechos. Un recorrido atento por este museo no puede menos que hacernos reflexionar sobre los altos niveles que nuestros antepasados alcanzaron en el manejo de la arcilla para crear una cerámica de gran refinamiento estético. Porque no solo hallamos delicados objetos utilitarios, sino verdaderas obras de arte, con un amplio abanico temático, que comprende figuras antropomorfas y zoomorfas: así como objetos diversos, decorados con una rica signografía, y en los cuales los imaginativos expertos creen ver invocaciones a los espíritus, manifestaciones de poder o de alcurnia, la entrada al inframundo y la búsqueda de comunicación con los dioses; los niveles del universo y hasta modelos del cosmos. Claro que esto me recuerda a una joven e inteligente investigadora que decía a un arqueólogo: "Tú excavas y yo echo el cuento".

Hora GMT: 28/Mayo/2010 - 05:05

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